4 PELAGATOS

Domingo 24 mayo 2020

De golpes y golpazos de Estado…
Un decreto Ejecutivo, el 1066, creó este sábado 23 un tsunami en redes sociales. Se refiere a la reorganización de la estructura administrativa de la Presidencia de la República. Y como hablaba de las funciones del Secretario del Gabinete, de autoridad nominadora y de representación oficial, hubo un colapso: algunos llegaron a entender que el Presidente había delegado el poder a Juan Sebastián Roldán. Abogados y profesores, como Farith Simon, no se dieron abasto para tratar de parar el tsunami. Hubo algunos tuiteros que se llevaron la Palma de Oro: Ramiro Aguilar, cuyos extravíos causan sensación en redes, habló de “Golpazo de Estado”. Hasta hoy en chats algunos siguen insistiendo en el abandono de cargo por parte de Moreno. O en el contenido del decreto “groseramente antijurídico”. El propio gobierno tuvo que hacer una aclaración sobre el alcance del decreto. Al parecer pocos de los tuiteros que vieron un golpe donde solo hubo una reorganización interna hacen la diferencia entre Presidente y Presidencia. Tampoco saben que la representación legal de la presidencia y la administración de sus oficinas siempre fue de la Secretaría de la Administración que hoy hacen el mismo trabajo con otro nombre…  
Lo que no se ha comentado, en cambio, es la reorganización de pesos internos en la cual juegan Juan Sebastián Roldán, María Paula Romo, Andrés Michelena y ahora Gustavo Isch, cuya secretaría (de comunicación) vuelve a tener independencia de las otras secretarías y a depender directamente del Presidente. Dicho de otra manera, los tuiteros ávidos de golpazos de Estado se perdieron el verdadero juego…
¿Yunda se lava las manos con el semáforo?
Si el Gobierno pasó a los alcaldes la responsabilidad de decidir sobre el color de los semáforos en la cuarentena, ahora resulta que el alcalde de Quito, Jorge Yunda, quiere pasar esa responsabilidad a los concejales de la Quito. De forma sorpresiva apareció, en el orden del día de la convocatoria para la sesión de este martes 26 de mayo, el cambio del color del semáforo. Se trata del segundo punto y dice así: “conocimiento de informes en razón del cumplimiento del día 70 de aislamiento social obligatorio en el Distrito Metropolitano de Quito, análisis respecto de la posibilidad del cambio de color de semáforo y solución al respecto». La inclusión del tema en el orden del día causó sorpresa en el Concejo pues los concejales han estado marginados del tema, no son parte del COE Metropolitano ni toman decisiones sobre ese organismo. Hasta ahora se ha considerado que la decisión del semáforo es responsabilidad exclusiva del ejecutivo de la ciudad. ¿Cuál es la idea? ¿Pasar la responsabilidad al pleno del Concejo para que la decisión sea compartida? La decisión presidencial indica que son los COE’s de cada Municipio los que deciden sobre el semáforo.
El secretario de Salud del Municipio, Lenin Mantilla, tendrá que dar una explicación exhaustiva a los concejeros sobre la compra y el uso dado a las pruebas para covid-19 por parte de la Alcaldía. Esto ocurrirá el martes 26 durante la sesión ordinaria convocada por el alcalde Jorge Yunda. La comparecencia de Mantilla nace de un pedido que la Comisión de Seguridad y Gestión de Riesgos, presidida por Bernardo Abad, ha hecho para que Mantilla aclare dudas que tienen que ver, sobre todo, con la cantidad de pruebas que se han hecho en Quito. Algunos concejales creen saber que se han hecho poquísimas muestras a pesar de la espectacularidad de los anuncios sobre la llegada de los kits. También deberá informar sobre los detalles de la compra de las pruebas, el costo y el origen de los proveedores. La concejal Luz Elena Coloma envió una carta al alcalde Yunda con una serie de dudas sobre el proceso de compra y el proveedor que ganó la licitación. Coloma está intrigada porque la proforma del oferente SALUMED S.A. es idéntica a las «especificaciones técnicas» del proceso de compra. También por la aparente falta de capacidad técnica del oferente seleccionado.


Augusto de la Torre, Ex Economista jefe del Banco Mundial para América Latina. Profesor de Columbia University y Director del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales de la UDLA.
LA ENTREVISTA
Foto: 4P

Ahora la tarea es conseguir unos $ 5 000 millones
¿Cuál es tu balance sobre la Ley de Apoyo Humanitario que salió de la Asamblea Nacional?
En un sentido importante quedó patoja porque se suprimió un elemento que me parece central en las circunstancias actuales: la solidaridad. Había un debate válido sobre si la solidaridad debería venir de las personas o de las empresas. Siempre pensé que era simbólicamente más coherente que venga de las personas porque las empresas están con problemas muy serios y tienen que tratar de sostener el empleo y a sí mismas.
A muchos ecuatorianos les fue muy bien durante los últimos 15 años, tuvieron buenos ingresos. Era una mínima expresión preocuparse de los pobres, de los nuevos pobres y de los que van a empezar a sentir hambre y que los ecuatorianos que más tienen, tiendan la mano a los ecuatorianos que más lo necesitan.

Pero la ley endosa el costo de la pandemia esencialmente a los empleados del sector privado y a los funcionarios dependientes del Ejecutivo.
Técnicamente hablando, todo el mundo va a pagar este costo, porque la otra parte de la ley, que se mantuvo y que debería ser mejorada en el veto, crea este régimen para que las partes lleguen a acuerdos cooperativos y hagan sacrificios. Y eso se va a necesitar. Que los empleadores y accionistas no se repartan dividendos, que los bancos hagan concesiones, que los proveedores y empleados hagan algún sacrificio para que el puesto de trabajo sobreviva, en la medida de lo posible. Donde ha habido debilidad en los sacrificios compartidos ha sido, por un lado, en el Estado que ha encontrado enormes dificultades de pedir a sus empleados que arrimen el hombro y, por otro lado, la gente pudiente, la que más plata tiene y que también debería contribuir.

¿No envía esto un mensaje de inequidad y de falta de solidaridad en un momento en que la sociedad requiere estar unida para salir de esta crisis?
Hay otras partes buenas en la ley, pero desde el punto de vista redistributivo, de justicia y de solidaridad, estas dos patas quedaron huecas. Principalmente la de las personas pudientes. Puede ser que estén contribuyendo en iniciativas privadas. Pero desde el punto de vista de la política pública hubiera sido bueno que haya un fideicomiso conformado con contribuciones de la gente que más puede. Me parece que así es más coherente: el ecuatoriano que puede, tendiéndole la mano al ecuatoriano que necesita. De persona a persona.

¿Te parece razonable que la ley obligue solamente a los funcionarios del Ejecutivo y que la reducción no sea en número sino mediante la reducción de horas de trabajo?
Me  parece que es un paso hacia delante. De todos los países del planeta son muy pocos los que, como Ecuador, se ven forzados a cortar gasto. La mayor parte de los gobiernos del planeta están expandiendo el gasto. Lo expanden porque pueden endeudarse, emitir bonos, tienen ahorros, tienen espacio fiscal o tienen moneda propia.
Nosotros lamentablemente no tenemos. Somos uno de los pocos países en el mundo que, en medio de la crisis, nos toca reducir el gasto porque era demasiado grande y no tenemos cómo financiarlo. Es un sacrificio importante reducir 4% del PIB. Y aún así quizá no sea suficiente.

Pero el sacrificio en el sector público no es general. ¿Debería incluir a todos los funcionarios y a los GAD´s?
Sin duda, porque la caída del ingreso afecta al sector público como un todo. Obviamente vas a tener tira y afloja en el interior del sector público. Pero desde el punto de vista de los principios de política pública y el bien común, a sabiendas de que se cae el ingreso público a la mitad, el ajuste debería ser en todo el sector público. Las autónomas, las no autónomas, empresas públicas, militares, GADs, el IESS… Todos necesitan hacer un ajuste.

La disminución de los salarios suscita una crítica: es una forma –se dice– de sacar plata al ciudadano y limitar la reactivación económica. ¿Había la posibilidad de que el gobierno no mire del lado de los impuestos o del lado de los salarios? 
Aquí estamos escogiendo qué veneno tenemos que tomar. Todo duele. Pero la realidad, es que el ingreso del sector público se cayó a la mitad. Y no puedes imprimir dinero. Lo que me preocupa es que el gobierno llegue a un punto en que no pueda pagar y se incrementen las presiones para que el gobierno empiece a pagar con papelitos y eso nos empuje a una situación donde aparece una nueva moneda. El problema de la dolarización es que no puedes inventarte dólares. Los dólares están o no están.

¿Cómo se podrían complementar esas medidas para que, además de equitativas, no afecten la reactivación económica?
Hay cuatro patas en esta mesa. En algunos de mis webinar digo que el camino para el infierno económico es bien amplio: hay miles de maneras de equivocarse y pocas de acertar. Acertar en Ecuador está definido con el criterio de que queremos superar esta crisis tan horrible de la mejor manera posible sin que se nos caiga la dolarización.
La primera pata es que no te queda otro remedio que hacer un ajuste en el gasto del sector público. Y lo tienes que hacer para que la plata que el gobierno consigue de los multilaterales, no se consuma en financiar el gasto del sector público. En pagar salarios. Se necesita un recorte de 5 000 ó 6 000 millones de dólares en el sector público. Ya han anunciado 4 000 millones de dólares, vamos bien. La segunda pata necesitamos algún elemento de solidaridad entre ecuatorianos. Esa pata se nos cayó. La tercera pata, técnicamente la más importante, es que se facilite mediante un régimen legal temporal que las empresas con sus partes encuentren salidas porque la alternativa es la liquidación.

Esto está en la ley.
Sí, y es lo es lo más innovador del programa de Ecuador. Es el camino para salir de esto en dolarización. Porque no podemos pasar la cuenta de las pérdidas del sector privado al gobierno. En el resto del mundo eso es lo que están tratando de hacer las economías. En Ecuador no es posible hacerlo y nos toca repartir la cuenta entre nosotros: eso es el acuerdo entre las partes. La cuarta pata es armar un programa de apoyo crediticio muy potente para ayudar a las empresas que lleguen a acuerdos con sus partes. No a cualquier empresa. Solo a aquellas que se tornan viables porque han llegado a acuerdos.

Pero el gobierno solo anunció, para ese fondo para la reactivación productiva, mil millones de dólares. Con eso no alcanza.
Para empezar mil millones es bueno. Y hay que seguir haciendo esfuerzos para conseguir más y más dinero para fondear esos acuerdos crediticios. Esos acuerdos tienen que darse mediante el sistema bancario o directamente en la CFN. Pero con una CFN modernizada y con un gerencia cambiada porque la gente no la ve como una institución eficiente y transparente. Se requiere que la CFN sea nuestro brazo crediticio en esta crisis.

Pero para esto, el dinero tiene que venir de afuera.
Sí, tiene que venir de afuera.

¿Podrías dar un monto factible de lo que puede esperar el país del Fondo Monetario Internacional?
Es por esta necesidad de traer dinero que Ecuador tiene que tener cuidado de cómo maneja la deuda de mercado. Vamos a hacer default, pero vamos a tener que hacerlo elegantemente. Si somos alevosos y no cuidadosos se nos puede caer, por ejemplo, los créditos que ahora estamos consiguiendo. Hay un crédito de 300 millones de dólares que está trabajando el gobierno con Estados Unidos y que irá directamente a esas facilidades de crédito de los mil millones de dólares.

¿Cuánto se puede aspirar a tener del FMI?
Si el directorio del FMI llega a un acuerdo, los 600 millones de dólares que ya nos dieron pueden subir a mil millones. Y luego tenemos que renegociar el programa, plantear uno nuevo que tenga el mayor acceso posible en un contexto en donde la comunidad internacional va a seguir haciendo cosas para ampliar las capacidades de préstamo del FMI.

En Ecuador se ha hablado de que requeriría diez mil millones de dólares…
Es exagerado. Si ves el impacto fiscal que nos está quedando suma 12 mil millones de dólares. Con estas cosas que el gobierno está haciendo y otras, a lo mejor nos bajamos a seis mil. Nos queda conseguir unos cinco mil millones no solo con el FMI. Con el FMI tal vez unos 1 500 millones de dólares más. Del Banco Mundial, el BID y la CAF vamos a tener que conseguir más y vamos a tener que buscar con gobiernos amigos: Estados Unidos, China y los europeos.
Me parece que para hacer esas gestiones internacionales, lo que hemos hecho sí nos ayuda: las dos leyes que pasaron muestran que Ecuador está esforzándose. El anuncio del Presidente de disminuir las jornadas, también ayuda. Hubiera sido mejor tener el impuesto humanitario.
La impresión que tengo es que vamos a estar día a día atendiendo, dos pasos adelante y uno atrás, problemas políticos, pero las realidades económicas se van a seguir imponiendo. Y se van a seguir imponiendo hasta el punto de que nos tocará tener cuidado de que esto no nos empuje a la desdolarización. Y lo que nos puede empujar a la desdolarización es la presión tan grande sobre el Estado para que pague lo que debe y entonces el Estado empiece a pagar con papelitos.

José Hernández

Lenín Moreno se juega en el tramo final
 El empaque del Informe a la Nación lució hoy, 24 de mayo, diferente: Lenín Moreno se presentó seguro, sobrio, ajustado y coherente, distante de disquisiciones cuánticas y chistes flojos. El fondo lo mostró como presidente víctima de circunstancias adversas que se han ido sumando desde el primer día hasta hoy: heredero de un país sin libertades y quebrado, con cuentas opacas y deudas que sumaban 60 mil millones de dólares. Jefe de un gobierno atacado por el terrorismo, anfitrión de 500 mil venezolanos que huyen de su país, blanco de un intento de golpe de Estado, damnificado por la caída del precio del petróleo y la rotura del oleoducto, víctima del coronavirus… En fin, ningún gobierno ha enfrentado tantas dificultades juntas en tan poco tiempo. Eso dijo.
Moreno quiso enfocarse en el futuro. En el año que le queda. Una movida táctica para no tener que dar explicaciones de promesas incumplidas y balances poco favorables. Pasó la página aduciendo, además, que no responde a desbocados. Y liquidó la faena recordando que su estilo se basa en la fuerza de la razón y en saber que hace lo correcto. Punto aparte.
El gobierno no aceptará oír que el coronavirus, con la brutalidad destructiva que lo caracteriza, le suministró una buena coartada para licuar casi tres años de una deficiente administración. Eso pasó. Pero curiosamente la misma catástrofe que agravó sin límite los problemas, pudo haberse convertido en un nuevo punto de partida para Moreno. Los cuatro objetivos anunciados para su último año son las tareas que deja la pandemia: preservar la salud, asegurar la supervivencia de los más vulnerables, reactivar la economía y cuidar la dolarización. No son novedosos. Lo singular es que las decisiones que requiere tomar para cumplirlos –y que empezó a tomar con los dos proyectos de ley urgente que envió a la Asamblea– lo vuelven a poner ante tareas que pospuso en su gobierno. ¿Lo hizo por falta de voluntad o porque su aliado mayor hasta hace poco -el socialcristianismo- lo disuadió?
Como quiera que sea, los imponderables económicos de la pandemia le doblaron la mano. Ahora Moreno asumió una ruta (ajuste fiscal, transparencia de cuentas, acuerdo con los multilaterales…) que no está en la órbita de Jaime Nebot y su partido. Moreno parece dar por sentada esa ruptura. De hecho, en su discurso hubo afirmaciones cuyo destinatario principal no podía ser otro que el socialcristianismo. Algunos de sus cuadros, a juzgar por sus reacciones en las redes sociales, se dieron por aludidos. No era para menos: Moreno fue explícito en señalar que sin las leyes votadas, Ecuador hubiera colapsado y sus consecuencias serían impredecibles. A algunos –dijo- no parece interesarles esto en absoluto. En la misma línea se inscribe la defensa que hizo del manejo de la deuda externa, sin lo cual no hubiera podido afirmar que tiene pleno respaldo de los multilaterales. Esa es la boya sobre la cual, sin duda alguna, está trepado.
Hecho complementario: pidió a los sectores políticos (en realidad a los socialcristianos porque de los correístas no puede esperar nada) que dejen trabajar a su gabinete y que paren el ataque inmisericorde a sus ministros. Tras ese pedido se perfiló la figura de Richard Martínez, su ministro de Economía, a quien correístas y socialcristianos quieren llevar a juicio político. “No demos al país –dijo– espectáculo de pirotecnia política”.
Así, el cuarto año para Moreno está trazado: se trata de defender un programa económico de ajuste tras el cual él ubicó –íntimamente relacionada– la defensa de la dolarización. Moreno está jugado y en su tablero son evidentes algunas piezas: fuera del país cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de los multilaterales. Aquí está hecho al dolor: no cuenta con el socialcristianismo y sabe que ese partido hará campaña sobre sus cenizas. Aparentemente cuenta con el apoyo de CREO y algunos independientes; fuerzas que votaron los dos proyectos con carácter de urgente que envió a la Asamblea. Moreno no dijo si la vía que el coronavirus lo llevó a tomar será profundizada. Pero ni la realidad económica ni las matemáticas políticas le dejan otra opción.
Martín Pallares

Last Dance: la fascinante historia de Michael JordanSi algo excepcional ha salido durante estos últimos meses en Netflix es The Last Dance, un documental sobre la carrera y la vida de Michael Jordan, considerado como el mejor basquetbolista de la historia. Aunque la crítica internacional ha cuestionado la forma en que se proyecta la imagen de Jordan porque dice, entre otras cosas, que es retratado casi sin defectos, lo cierto es que el ritmo, las imágenes y la narración del documental son fuera de serie. El guión es impecable porque es capaz de hacer saltos cronológicos constantemente sin que el espectador pierda el hilo histórico y dramático. Además, la calidad de las imágenes convierten la serie en un auténtico monumento a la belleza del básquetbol. Pero quizá lo más importante es cómo se retrata psicológicamente a un auténtico ícono cultural de los años 90. Jordan, y él lo admite en las entrevistas, es un sociópata de la competencia y por eso es incapaz de entender la vida sin la posibilidad de ganar, no importa a quien. Ya sea en el básquetbol, el golf o en los juegos de azar. Cuando un periodista le pregunta si tiene algún problema de adicción con el juego en los casinos, Jordan responde: «no, mi problema es con la competencia». The Last Dance es, además, un retrato único de una época y una generación.

Crónica de un virus que apagó el mundo en 100 días Diario El País de España elaboró un especial sobre el coronavirus que podría convertirse en el documento definitivo sobre la pandemia. Con una minuciosidad notable, el diario ha ido reconstruyendo en todas sus facetas el desarrollo de la pandemia en el mundo. Se incluye cronologías, mapas interactivos, estadísticas y abundante información científica. La crónica del virus que apagó el mundo en 100 días, toma como referencia el 8 de diciembre de 2019 cuando el primer enfermo, por una neumonía de origen desconocido, ingresó en el hospital de Wuhan (China), y la tercera semana de marzo de 2020, cuando la alarma sanitaria por un contagio masivo llevó a decenas de países a iniciar un largo confinamiento para neutralizar la pandemia. Se trata, sin duda, de un documentos que hay que tener siempre a la mano para consultas: será pieza indispensable cuando haya que hacer la historia de este fenómeno.

Domingo 17 mayo 2020

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JOSÉ HERNÁNDEZ

Esta vez debe haber unión nacional con hechos
Esta vez debe haber unión nacional con hechos. Nada de lo que sucede es normal y el espectáculo deja atónito: el mundo está paralizado, rehén de un virus que puede matar. Y ante esa realidad, todo tiende a perder sentido. Lo único importante –y esto es un pálpito universal- es salvar a las personas. Sobrevivir. Sin importar si se pierde algún porcentaje de crecimiento. Es la gran lección de humanidad que dejará esta pandemia.
El país (este continente) tiene la fortuna de estar 15 días, quizá unos días más, en retraso con respecto a Europa. Es una enorme ventaja que ha servido para disparar políticas y protocolos que Italia, por ejemplo, tardó en adoptar. El número de muertos lo certifica. El caso de España es impresionante y lo contó diario El País: antes del 8 de marzo, día de la mujer, el coordinador sanitario de la crisis pidió que no se hiciese la manifestación: había 500 afectados y diez decesos. Después de seis días todo se había multiplicado por más de diez: 6.400 contagiados y 193 fallecidos. La avalancha obligó a clasificar a quién salvar y a quién no. Ahora España está paralizada. Al igual que Italia.
Ese el reto que tiene el país: evitar un pico de contagiados tan alto que pueda desbordar su capacidad sanitaria y permitirle atender los casos graves. Por eso se justifican las medidas que crean distanciamiento social. Es la única forma de atenuar, de contener un contagio que no tiene todavía antídoto.
El país está ahí parqueado y nada es más urgente. Los problemas de prevención y sanitario acaparan la atención. El personal sanitario y la Policía Nacional son sectores sacrificados a los cuales el país debe un homenaje. Se entiende que hay un plan de contención sanitaria para evitar la propagación del virus. No se ve sin embargo una interacción entre los esfuerzos del sector público y el privado. Un solo ejemplo: el costo del examen para detectar si se tiene o no coronavirus. Pensar que pueda valer en laboratorios privados entre 250 y 300 dólares lo vuelve a todas luces prohibitivo. Nada se ha dicho sobre la logística que debe estar al servicio de los pacientes y de la necesaria coordinación que esto requiere. Un ejemplo que tiene angustiados a los españoles e italianos: el número de máquinas de respiración mecánica; máquinas que son claves y cuya exportación ya está bloqueada en Europa. Por ahora nadie habla de estos costos. Lucen secundarios a la luz de la urgencia, pero pensar en ello es irremediable.
Por otro lado, se puede dar por sentado que ni siquiera esta crisis, que es planetaria, cambiará las actitudes y las visiones de los actores internos que produce el bloqueo nacional. “A unirnos todos, absolutamente todos” –dice Pablo Arosemena en un tuit-.  “Empresarios/Trabajadores/Sindicatos/SectorProductivo/Gobierno/Gremios Izquierdas/Derechas”… ¿Alrededor de qué? ¿Para qué? Hay, por supuesto, costos muy altos que hay que compartir. La factura económica de esta crisis será voluminosa y el Estado carece de músculo financiero para menguar su peso. Quizá es el momento de hacer un ejercicio de pragmatismo, pues los efectos empiezan a verse y requerirán medidas inmediatas y gestos de humanidad que riñan con la rentabilidad económica. Guillermo Lasso anunció uno hoy, domingo 15 de marzo, a las 17:45: una moratoria de 45 días para el pago de haberes al Banco de Guayaquil. En su mensaje pidió a la banca ecuatoriana en general sumarse a esa iniciativa.
El gobierno y los actores económicos deberían pasar, en esa dirección, de los deseos al acto: establecer una comisión público-privada que cense los daños, los evalúe y coordine todas las acciones que tome el gobierno y la empresa privada para resolver o paliar los costos de esta emergencia. Una respuesta que debe ser global, no atendiendo solamente a aquellos que tienen mayor poder de presión.
Ese trabajo es tan esencial y necesario como el que está haciendo el frente de salud (a pesar de las merecidas críticas) y que, como se dijo, también debería coordinar los aportes que debe hacer, en este momento, el sector privado de salud


La lista definitiva de las novelas sobre epidemias

Martín Pallares

La lista definitiva de las novelas sobre epidemiasLas epidemias, pandemias o plagas en general siempre han provocado una auténtica y siniestra fascinación entre los seres humanos. Por eso, el tema ha sido objeto de la creación literaria desde tiempos inmemoriales. El caso de La Peste, novela de Albert Camus, es uno de los casos más emblemáticos sobre esta obsesión que nace del temor, entre los seres humanos. La lista de novelas inspiradas en el tema de las pestes que preparó la The New York Magazine es sin duda remarcable. Se trata de 20 novelas que se inspiraron en el tema y que han pasado a ser parte del patrimonio literario de la humanidad. La lista, para los que no entienden inglés y para los que sí, sirve como una excelente guía para conocer todos los grandes textos que hay sobre esta temática. El Diario del Año de la Peste de Daniel Defoe está de primero. Incluso está citado El Amor en los Tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez.

El humor político en tiempos de la peste
Dicen mucho médicos que reír es algo que estimula el sistema inmunológico, aunque en tiempos de pestes y de preocupación política eso no sea siempre muy fácil. Sin embargo, hay textos de humor político que vale la pena leer para reír y tomar la tragedia de mejor forma. En el diario argentino Clarín, el escritor Alejandro Borensztein, publicó una columna titulada «El coronavirus y los pelotudos» que se ha viralizado en la Argentina y en otros países. Aunque es una sátira sobre la política argentina, en realidad aplica a cualquier otra realidad. Los pelotudos que hacen fiestas y no se lavan las manos, son los mismos que votan mal, sostiene Borensztein en su columna. «En situaciones extremas como las que estamos viviendo no podemos evitar ser víctimas del mayor de los flagelos que desde siempre nos aqueja como sociedad. Un mal que se suma al tema del coronavirus y lo complica todo: los pelotudos».

Domingo 10 mayo 2020

Ministerio de Salud ¿Cómo volver a la vida en tiempos de coronavirus?

Juan Carlos Zevallos, ministro de Salud, habló con 4P sobre los protocolos que están preparando para que, según condiciones y horarios, hasta las personas de 70 años, puedan volver a salir de casas y apartamentos. Aquí la parte medular de la charla.
“Para salir hay varias consideraciones que se deben hacer y cada una de ellas debe ser analizada de manera separada, estructurada y organizada según la situación local. Ese es quizá el elemento más importante. ¿A qué me refiero con eso? A que la realidad que se vive en Quito es muy diferente a la que se vive o se vivió en Guayaquil o lo que se va a vivir en Cuenca o Portoviejo. En cada caso hay situaciones completamente distintas. Entonces hay la necesidad de enfocarse en la realidad local. Ese es el primer mensaje.
La segunda es que tenemos algunos indicadores que nos van a decir si la medida se ajusta; medida que además de ser local, tiene que ser temporal y tiene que ser reversible; es decir, lo que abro ahora, mañana puedo volver a donde estaba hoy. Eso es importante.
¿Cuáles son los indicadores que debemos tomar en cuenta? El primero es cuál es la disponibilidad de camas de hospitalización y camas de unidad de cuidados intensivos que se deben tener. Cuando uno abre la posibilidad de levantar las medidas, obviamente va a haber más contagiados y más personas que van a estar expuestas al virus; por lo tanto, vamos a tener más pacientes que tienen riesgo de ser hospitalizados y que, eventualmente, van a utilizar la unidad de cuidados intensivos. Entonces, el porcentaje de camas que tienen que estar disponibles y operativas tiene que ser de un 20%.
Obviamente un cantón que está en una parroquia rural no va a tener un hospital, pero siempre tenemos que hacer referencia al hospital más cercano al que pueda ser trasladado. Y cuando digo una cama operativa tanto de hospitalización como de cuidados intensivos deben ser camas que tengan suficiente personal. En el caso de unidades de cuidados intensivos, que tengan su ventilador y que el personal médico tenga acceso a todas las prendas de protección. Eso es una cama operativa tanto de hospitalización como de cuidados intensivos. Esto del 20% es un indicador fuerte.
Otra cosa: para pasar del rojo al amarillo debo tener cierta noción sobre cómo está la situación de contagio del virus en la comunidad. Para eso uso dos indicadores: el primero es cuántas atenciones de emergencia, por infección respiratoria aguda, he recibido en los últimos catorce días. Si tengo el número de atenciones de emergencia que se mantiene en un 2% de aumento, en relación con las anteriores, estoy tranquilo. Si tengo más de eso, no aconsejo abrir. Estos son indicadores que puedo saber muy rápidamente y también que puedo ver en la mayor parte del territorio porque tenemos 1 950 unidades operativas, hospitales, etc.
Me preguntaba sobre las edades. Hemos concluido una propuesta de protocolo y reglamento para eso. Los niños van a poder salir acompañados de sus padres manteniendo el distanciamiento social. A los niños no se les va a exigir que usen mascarilla, pero sí que mantengan la distancia. Van a haber unos tiempos y condiciones. Por ejemplo, que no lleven sus juguetes a la calle, que no estén en resbaladeras. Es preferible mantenerse alejados de las zonas de juegos de niños en los parques. Es más bien deseable una caminata o un paseo guardando distancias.
En el tema del deporte hemos hecho algunas consideraciones basados en la experiencia de Europa: vamos a permitir que las personas salgan asumiendo su propio riesgo y que las personas mayores, que tengan alguna dolencia, estén medicados y bajo control. Vamos a permitir caminatas manteniendo la distancia. Se va a exigir que lleven la mascarilla. Pero si van en bicicleta o trotan se exigirá, en cualquier edad, la bandana; es decir un pañuelo que cubre la cara y no la mascarilla porque dificulta mucho la respiración.
Esto se va a ampliar hasta los 70 años. Es decir de los 14 años hasta los 70 años. El protocolo que hemos trabajado entre el Ministerio de Salud y el Ministerio de Deporte va a ser sometido al COE y el COE nacional va a darnos el ok. Por ahora es una propuesta.
¿Y por qué hasta 70? La gente mayor también debe salir a caminar porque los problemas de infartos y de enfermedades crónicas no transmisibles, cardiovasculares en particular, son mucho más prevalentes en edad mayor. Por lo tanto, estas personas deben cuidarse mediante caminatas y actividad física, de nuevo manteniendo la distancia y con ciertos horarios. No queremos que la gente camine más de cierta distancia -me parece que es un kilómetro de acuerdo a las guías que hemos preparado- y para ello nos hemos  basado en evidencias científicas y experiencias de otros países.
He repetido, basado en la experiencia internacional, que este es un virus que, si no hay la vacuna, en aproximadamente 120 días el 60% de la población va a estar expuesta al virus. Estamos hablando de diez millones de ecuatorianos de los cuales ocho o nueve de cada diez personas va a tener el virus pero sin síntomas o con síntomas muy leves. Eso es fundamental. La buena noticia es que el 80 o 90% de la población va a tener únicamente síntomas leves y va a quedar inmune al virus.
Por eso, tanto en términos de actividad física o para retomar las actividades laborales, se debe hacer a condición de que el pase sea sucesivo y paulatino junto con una carga viral baja. Es casi, casi una vacunación. Acuérdese que en la vacunación a los niños, se les pone un virus atenuado para que su organismo produzca anticuerpos que bloquean al virus. Lo mismo se hace en el ámbito comunitario.
En lo que tiene que ver con las empresas y el regreso temporal: creo que hay que analizar caso por caso y es bien importante saber de qué tipo de actividad estamos hablando. ¿Es preferible que haga teletrabajo? Por supuesto que es preferible pero en algún momento voy a tener que ir a mi lugar de trabajo. Se ha calculado que irán alrededor del 30% de la gente. Nada de esto está escrito en piedra. Ese 30% permite que durante el tiempo del trabajo se tenga una distancia de dos metros que es una distancia bastante segura. Eso se tiene que tomar en cuenta con mayor celo en los espacios compartidos como la cafetería donde, para comer, tengo que quitarme la mascarilla.
Los turnos: ese es otro punto muy importante. Los turnos deben ser lo más extensos posibles. Si voy a trabajar mañana de 7 de la mañana a 7 de la noche, al día siguiente voy a tener libre. Lo que no quiero es tener horarios de dos o tres horas cada día porque ahí es donde debo movilizarme, tomar transporte y el contacto que tengo, con mi familia y con mi medio laboral, es más alto. Por eso quiero tener horarios extensos.
¿Quién debe ir o no a trabajar? Como digo es muy difícil mantener una regla general por grupo etario, pero si tengo más de 50 años, aconsejo que se haga el trabajo mediante teletrabajo. Sin embargo, si tengo que ir al trabajo debo mantener las normas de distancia, el uso de mascarilla, lavado frecuente de manos, desinfección de superficies. 
Hay una responsabilidad individual, familiar y una responsabilidad del grupo laboral. Cada situación debe ser analizada de manera diferente manteniendo estas precauciones que han funcionado bien por ejemplo en Taiwan y en otros países. El distanciamiento social ha funcionado en muchos países. Aquí tenemos excelentes ejemplos: muy poca gente se ha contagiado en supermercados, agroindustria, farmacias y bancos y más bien los contagios han sido en el entorno social. Tenemos que movernos en esa línea”.
José Hernández

Ecuador no está lejos de la anomia total

Ecuador saldrá muy mal parado de esta crisis sanitaria. La quiebra económica es elocuente y es notorio que es la más importante porque, además de pobreza, habrá consecuencias sociales y políticas impredecibles.
Pero hay pasivos que han salido a flote y que han están afectando, hasta la depresión, el estado de ánimo de la población. Se dirá que ser multados por no llevar mascarilla, no respetar la cuarentena o el toque de queda… Y estar divididos entre la nostalgia de las libertades suspendidas o el sometimiento a una disciplina marcial – para eventualmente no morir- crea un ambiente de zozobra, histeria y cansancio; elementos básicos de un cóctel explosivo.
Pero hay factores que, además, están quebrando la estructura básica de la convivencia social. Toda sociedad apuesta cabalmente al reconocimiento y activación de valores que nutren la confianza en ella misma, en las instituciones y en las autoridades. Si esos referentes desaparecen, la anomia no está lejos. Y eso está ocurriendo.  
El coronavirus quitó el velo a algunas realidades que el país no quería ver. La irracionalidad generalizada y el desconocimiento de la realidad. La recurrencia obsesiva a los deseos en detrimento de las cifras. La irresponsabilidad contumaz de la mayoría de la sociedad política. Sin embargo, no estaba tan claro, para la inmensa mayoría de la población, la quiebra del Papá-Estado, la debacle e inoperancia del gobierno de Lenín Moreno y la laceración y estropicio incurables que causa la corrupción. El régimen de Rafael Correa la masificó. Y Lenín Moreno la ampara, en una actitud desafiante e indolente.
Es increíble comprobar la falta de perspicacia política de Lenín Moreno. Él conoce que las circunstancias, los factores de poder y las intentonas golpistas de Rafael Correa -que no cesan- le aseguran terminar su mandato. Pero en vez de apurar el paso y proponer una salida coherente (ni siquiera la más aconsejable) se dedicó a sobrevivir, ganar tiempo y componer con la corrupción. Y el Presidente sabía que esa lacra carcome desde hace tiempo el alma del país. Lo sabía cuando llegó y prometió, en junio de 2017, pedir apoyo a la ONU para luchar contra ese flagelo. No lo hizo. Lo sabía en febrero de 2019 cuando creó la Secretaría Anticorrupción; una instancia insulsa que depende de él. Lo sabía, dos años después, en mayo de 2019, cuando creó una Comisión de Expertos Internacionales contra la corrupción cuyo fracaso estuvo anunciado en el propio decreto que la formó. Lo supo siete meses después cuando dio tres meses más de existencia a ese grupo forjado para disfrazar un discurso anticorrupción que es puro buche y pluma.
Moreno no quiso romper el sistema oficial de corrupción que hay en el país. Que Correa oficializó y masificó. Y que muestra, en tiempos de coronavirus, que es de una voracidad irrefrenable y perversa: no se detiene ni ante los cadáveres de sus conciudadanos. ¿Acaso del gobierno no depende la contratación pública? Hubo lecciones, muchas lecciones, de los procedimientos de emergencia en contratación derivados de la enorme corrupción del correísmo durante el terremoto de 2016. Nada se tuvo en cuenta. Se dijo que el Sercop había cambiado con Silvana Vallejo, su directora, que se paseó por los medios en julio de 2019, haciendo alarde de la certificación Iso Antisobornos obtenida por su institución. Fuegos de artificio de esa correísta contumaz.
Esta pandemia probó que se pueden hacer contratos por 4000 bolsas para embalar cadáveres por 148,5 dólares; por lo menos cinco veces más del precio de mercado. Y hacer contratos por 7 000 kits alimenticios, por 150,82 dólares cada uno, cuando su precio es de menos de 90 dólares. Y Alexandra Ocles, Secretaria de Gestión de Riesgos, puede decir, desafiando toda lógica, que la diferencia se justifica por el envase, el embalaje y el transporte. O su gestión es pésima o se trata de un contrato corrupto: en todo caso, la insensibilidad con la plata pública sigue siendo una marca de este gobierno que, en forma alguna se desvanece con el decreto del Presidente en el cual reduce a la mitad su salario y el de sus ministros.
Moreno, por razones que hacen de él un prisionero, no entendió el momento ni asumió el perfil de liderazgo que el país necesita. Y con su actitud complaciente ante la corrupción, nutre el desmoronamiento moral que Correa heredó.

Ecuador no está lejos de la anomia total

Domingo 3 mayo 2020

José Hernández

La cadena en la cual Otto Sonnenholzner se despidió.-Lo bueno con Otto Sonnenholzner es que dice las cosas como si se las creyera. Eso permite saber lo que desea. Lo engorroso para él es que sus asesores en comunicación -versados, se supone, en semiología- no le han dicho que los discursos, tomados como una mera construcción, no alcanzan a fabricar una realidad. Por una razón que los expertos llaman “relación de reflejo”: ese vínculo que hay entre las palabras y los soportes o cosas que el emisor usa como referentes. El discurso de Sonnenholzner engloba entonces y sin remedio esos eventos o hechos significativos que hablan del mundo en el cual él es consciente de ser un protagonista que está en escena. Esos hechos existen al margen de su voluntad y son susceptibles de ser relacionados con sus palabras.
El vicepresidente de Lenín Moreno detesta -como la mayoría de políticos- que se analice lo que dice. Detesta también que se infiera lo que sus actos comunican. Él preferiría, como todos los políticos, que la prensa se limite a repetir lo que él dice. Y a publicar la explicación que él suministra sobre lo que hace. Hay medios que lo complacen. Más aún en esta época en que para muchos es políticamente incorrecto y de muy mal gusto analizar lo que los gobernantes hacen.
En su defensa, el vicepresidente desenvainó un argumento contra sus críticos que no es novedoso pero es significativo: aquellos que confunden su trabajo con una campaña electoral son gente de mala fe; “acostumbrados a ver a políticos recorriendo el territorio solo en época de elecciones”. Él, en cambio, lo hace siempre. Lo dijo el jueves, 30 de abril, en la cadena nacional, cuyo significado sigue siendo opaco. ¿Sonnenholzner hizo una rendición de cuentas porque fue separado de funciones que no solo sus críticos sino funcionarios y amigos del Lenín Moreno consideran que usó para su exposición personal y en detrimento del presidente? Resulta revelador que apenas llegó Gustavo Isch, a la Secretaría de comunicación, dijo que una de las tareas urgentes es centrar la información en la Presidencia y en el presidente Moreno.
En la cadena, Sonnenholzner dejó constancia, precisamente, de la ambigüedad bajo la cual se ha conducido. Su recurso a la primera persona del plural -nosotros- le proporcionó un pasaporte para no citar a Lenín Moreno: “desde el primer día actuamos”; “diseñamos la estrategia”; “declaramos el Estado de excepción”; “suspendimos las clases”; “aplicamos el toque de queda”; “fuimos de los primeros países…”; “hoy estamos seguros de que”… Decir Nosotros, en su caso, recuerda ese giro ecuménico que usa el Papa para hablar de él. De hecho, unos minutos más tarde, esa primera persona del plural se convierte en primera persona del singular: “Entregamos cientos de miles de mascarillas, guantes, trajes de protección…” (y las imágenes lo muestran a él entregándolos); “hemos supervisado las brigadas móviles puerta a puerta” (y de nuevo él llena la pantalla)…
Luce evidente que el vicepresidente se ve como el protagonista principal del gobierno en la lucha contra el coronavirus. Un ejercicio arriesgado porque los diplomas que se otorga (o que, dirá él, otorga al gobierno) lo dejan en mal predicamento ante los hechos. Decir que “desde el primer día actuamos con responsabilidad y firmeza” es tan equivocado como concluir que “hoy estamos seguros de que fueron decisiones acertadas y oportunas que dieron los resultados esperados en la mayoría del territorio”. Guayaquil no es un lunar: es el peor caso, en proporción, según The Financial Times, de muertes en el mundo.
El uso de hipérboles le juega otra mala pasada: una falta de sindéresis notoria. Sonneholzner dice que desde el 27 de marzo dejó la dirección del COE para trasladarse al epicentro de la crisis: Guayaquil. Y a renglón seguido afirma que, desde entonces, ha visitado 30 hospitales en 16 provincias para verificar que no falte nada… ¿Y Guayaquil?
La critica que se le ha hecho radica ahí: en confundir activismo con pensamiento estratégico que es, precisamente, la mayor carencia suya y del gobierno en esta tragedia. Él cree que un líder (o un estratega) debe estar en todas partes, saltar de un avión al balde de una camioneta, repartir mascarillas o entregar kits de alimentos.
Pensar en las tres respuestas concomitantes que el gobierno debe dar, concertarlas y activarlas con los gobiernos locales, buscar asesores, propiciar apoyos internacionales, unir políticamente al país, negociar en la Asamblea, concertar los esfuerzos públicos y privados y, sobre todo, decir la verdad a la población; todo eso junto es más importante -y esas eran sus tareas y las del presidente- que ir de hospital en hospital o ser uno más en las brigadas móviles. Pero, claro, esas tareas no producen esas fotografías y esos videos heroicos que han desfilado por el país y que él defiende como parte de su obligación de informar de su trabajo. Esas son las imágenes le permitieron subir como espuma de cerveza en los sondeos.
¿En esa cadena nacional Sonnenholzner se despidió de su activismo impenitente o inauguró una nueva etapa, ahora de la mano de la lucha contra el hambre? “Hoy el Presidente -dijo en la cadena- nos ha encargado de fortalecer los esfuerzos para combatir ese enemigo”. Y arrancó la retahíla en la cual, si Moreno se lo permitiese, habría fotografías hasta para exportar: kits de alimentos, raciones de desayuno escolar (1,3 millones de padres en la Sierra y la Amazonía), 2 millones de canastas solidarias, 140 000 canastas para personas con discapacidad y adultos mayores en la Costa, nuevos bonos…
Previsivo, el vicepresidente se adelantó otra vez a las críticas: “son intentos de dividir usando las artimañas de la vieja política”. Otra vez dijo que no es candidato a nada. Y otra vez hay que recordar que esa no es la crítica que ha recibido en redes sociales. Se ha dicho que está en campaña, haciendo méritos precisamente para granjearse una candidatura presidencial. La misma falta de ilación existe cuando dice que no es político. Y para probarlo afirma: “soy un ciudadano que lleva un poco más de un año demostrando al país que sí se puede hacer política en forma diferente (…)”.
Martín Pallares
 EEUU: las universidades deben abrir en septiembreLa educación universitaria de alta calidad en los EEUU no puede seguir dependiendo de las clases virtuales, por buenas que sean, y si se quiere mantener el nivel que hace del sistema estadounidense el mejor del mundo hay que volver a los campus y las clases presenciales. Lo dice en un artículo que apareció en el The New York Times, Christina Paxson, presidente de Brown University, una de las mejor calificadas y prestigiosas del mundo. Los motivos para volver a las clases presenciales el próximo semestre que comienza en septiembre tiene que ver también con causas que no son necesariamente educativas. Por ejemplo, el peso del sector educativo en la economía del país y el riesgo de que miles de jóvenes abandonen los estudios por no querer seguir pagando las altísimas cuotas a cambio de clases virtuales en las cuales no existe ni el intercambio directo con profesores ni con otros compañeros, laboratorios y bibliotecas. Paxson sostiene que el regreso debe basarse en tres ejes para evitar los contagios: pruebas, el seguimiento a los estudiantes contagiados y el distanciamiento social. Las universidades –dice- tienen las capacidades para montar estas medidas y evitar contagios. Lo otro sería condenar la calidad de educación y la sostenibilidad de las propias universidades.

Cuatro factores para dejar la cuarentena…
Se tiene la información, ahora hay que acabar con el pánico y el aislamiento total: ese es el título de una columna escrita por el doctor Scott Atlas, ex director de neurorradiología del Centro Médico de la Universidad de Stanford, en la que sostiene que hay al menos cuatro factores que permiten pensar que ya es hora de dejar la cuarentena absoluta para pasar a otras fases. Estos factores son:
1.- La mayoría de personas no tienen un riesgo significativo de morir de covid-19. Si no hay saturación en los hospitales y se hacen los tratamientos de forma correcta, los índices de mortalidad son muy bajos.
2.- Protegiendo a los más ancianos y a las personas vulnerables se puede evitar la saturación en los hospitales. Esto incluye a la gente que tiene enfermedades crónicas que pueden agravar los cuadros. La mitad de las personas que han salido positivo en los test no tienen síntomas.
3.- La inmunidad colectiva se logra a través de la exposición de las personas más fuertes. La gente infectada que no tiene otros males se convierten en los mejores agentes para inmunizar a la sociedad.
4.- Una gran cantidad de gente está muriendo de otras enfermedades porque debido a la saturación en los hospitales no pueden ser atendidos. Gente con cáncer no recibe quimioterapias y otros con problemas renales no tienen las diálisis. Si se liberan los hospitales evitando que los más débiles se enfermen con Covid, los pacientes de cáncer o los que necesitan diálisis podría retomar sus tratamientos. 

El 59% de empresarios contempla despidos…
Cien empresarios de los más influyentes del país opinan sobre el impacto del coronavirus en los 20 sectores más importantes de la economía. 59% tiene menos de 200 empleados; 41% más de 200 empleados. Arco estrategias y PCG hicieron la investigación que dividieron en dos. Primera parte: la afectación, reducción de operaciones, dificultades futuras, mayor amenaza, impactos en facturación, rentabilidad, cobranzas y empleados. Segunda parte: expectativas futuras en el marco de la nueva realidad: en cuánto tiempo considera que volverá a funcionar, dirección estratégica luego de la crisis, competencias que deben tener sus gerentes y qué servicios considera importantes para reactivar el negocio.

Resultados: la investigación da cuenta de siete hallazgos. 
1. El 81% de la actividad industrial está reducida o paralizada y las empresas más impactadas son empresas de menos de 200 empleados. Construcción y servicios son los sectores más afectados.
2. Sólo el 6% de empresas crecen en un promedio de 41%. Las farmacéuticas son las más beneficiadas creciendo casi al doble.
3. El impacto estimado en la facturación de empresas con menos de 200 empleados es del 46%; 33% en las de más de 200 empleados. Los sectores más afectados son comercio, construcción y publicidad.
4. La rentabilidad disminuirá en un 45% y las cobranzas tendrán un retraso adicional de 75 días. Consecuencia: despidos. El 59% de los empresarios contempla esa posibilidad.
5. Las empresas de menos de 200 empleados tienen una expectativa de vida (antes de quedarse sin flujo) de tres meses; cuatro meses las de más de 200 empleados. La expectativa para llegar a la nueva normalidad es de 129 días.
6. El enfoque estratégico: 76% asegurar la continuidad de sus negocio. 57% también apuesta a rediseñar el modelo de negocio y 54% a desarrollar nuevos canales digitales mediante tecnologías de comunicación, automatización, logística y servicio de entrega.
7. Las empresarios consideran que las competencias que marcarán la diferencia en tiempos de crisis son: creatividad, innovación, resiliencia e inteligencia emocional.