Especial Semana:

El ‘Ken humano’ pondrá en riesgo su vida con su cirugía número 60

El ‘Ken humano’ pondrá en riesgo su vida con su cirugía número 60

El brasilero Rodrigo Alves se extraerá costillas para adelgazar su cintura y lucir ropa ajustada.

 
Rodrigo Alves

Su familia le reveló al diario británico ‘The Sun’ la noticia. Además aseguraron que temen que Alves pueda morir en la mesa de cirugía.

Por: El Mercurio (Chile) / GDA

 

05 de diciembre 2017 , 06:55 p.m.
 

Rodrigo Alves, de 34 años, también conocido como el ‘Ken humano’, anunció que se someterá a su cirugía número 60 con el objetivo de adelgazar la zona de su cintura para parecerse más al personaje. Esta vez el brasileño se quitará costillas para lograrlo. 

Alves viajará a finales de diciembre a Los Ángeles, EE. UU., para someterse a una operación que, según él, lo hará ver más delgado. Médicos le han advertido que no pueden realizarse más liposucciones en su cuerpo.

 Su familia le reveló al diario británico ‘The Sun’ la noticia. Además aseguraron que temen que Alves pueda morir en la mesa de cirugía. “Seguiré adelante. No hay ninguna cirugía que te mate. Joan Rivers continuó hasta que murió con un estiramiento facial, pero no murió a causa de la operación, sino que tenía un problema de salud”, dijo Rodrigo Alves.
 

El ‘Ken humano’ ha gastado más de 400 mil euros en cirugías plásticas y se ha realizado más de 100 mejoras estéticas. Sus últimas intervenciones fueron una cirugía ocular y un trasplante de pelo. Esta 60 operación cuesta alrededor de 20 mil dólares y puede tardar entre dos y tres horas. Según Alves, su propósito es obtener una cintura más esbelta para poder lucir las camisas ajustadas de su nueva línea de ropa.

“Estoy bastante cuadrado alrededor del área de la cintura. Me gustan mis camisas ajustadas y mis chaquetas elegantes, y me quedarán mucho mejor cuando tenga esa figura esbelta y clásica “, dijo el brasileño, quien se define a sí mismo como un “centauro”, al considerar que su aspecto es mitad hombre y mitad mujer.

El cirujano que realizará la operación es el doctor Michael K. Obeng, quien aseguró que en un principio Rodrigo le pidió que le quitara seis costillas, lo que no es factible y señaló que “hay dos costillas flotantes: la 11 y la 12, que se pueden quitar de forma segura sin causar daños”.

Luego de quitarse las costillas, el ‘Ken humano’ tiene la intención de intervenir su nariz debido a que tiene problemas de respiración; sin embargo, especialistas le han advertido que puede perderla en caso de una nueva cirugía. 

“Probablemente iré a Turquía, soy el maestro de la cirugía plástica. Conozco a los mejores médicos”, concluyó Alves.

EL MERCURIO (Chile) / GDA


Por Juaroj JuarojEUROPA NOVIEMBRE 25 DE 2017

Así se vive en Dinamarca, el país más feliz del mundo /el tiempo.com/

Tres familias danesas aseguran que su bienestar se funda en un sistema basado en la confianza.

Dinamarca, el país más feliz del mundo

La bicicleta es un pasatiempo importante para Marie Kildetoft (al fondo), su esposo, Kuno, y sus hijos, Lily, de 8 años, y Ellis, de 3.

Foto: 

Sofía Martínez / El Mercurio – GDA

Por: Sofía Beuchat – El Mercurio (Chile) – GDA

 

Son las cinco y media de la mañana cuando suena el despertador en la casa de la antropóloga danesa Cathrine Joseph-Christensen, en Husum, un barrio en las afueras de Copenhague. Podría pensarse que se despierta a esa hora para llegar a tiempo a su oficina, luego de una a dos horas de viaje por una ciudad atiborrada de carros. Pero no: ella llega a su puesto en una empresa de ofertas en línea luego de media hora en bicicleta o 15 minutos en tren.
 

¿Para qué, entonces, levantarse antes de las 6 de la mañana?

“Primero, mi esposo y yo nos alistamos; luego levantamos a los niños y a las siete y media nos sentamos en familia a desayunar. ¡Jamás dejamos de compartir el desayuno! Luego vamos a dejar a los niños al colegio, en bicicleta”, explica Cathrine.

Generalmente, los niños se acuestan a las ocho de la noche, luego de haber pasado la tarde en un parque cercano con sus padres, quienes llegan a casa a la misma hora que ellos, poco después de las cinco de la tarde
. Recogen castañas, nadan en una piscina temperada, juegan fútbol, andan en bicicleta. El tiempo libre para disfrutar de la familia no se transa en Dinamarca, un país con ciudades a escala humana, donde la jornada laboral legal es de 35 horas a la semana y la gente tiene cinco semanas de vacaciones legales.

Cathrine y Tom, quien trabaja en un programa de educación para refugiados de la ONU, son conscientes de lo que significa vivir en un país que siempre ocupa los primeros lugares en índices de felicidad, según el informe World Hapiness Report, elaborado por la red de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas. 

“Yo soy de Kenia y Cathrine, danesa, pero pasó cuatro años en Oxford. Cuando has vivido afuera, incluso dentro de Europa, sabes que este es un gran país. Es maravilloso. No tienes que preocuparte de nada. Todo está dado para vivir una vida saludable y segura”, dice Tom.

“Sin embargo, muchos daneses se quejan todo el tiempo, de todo: del clima, de los arreglos en las carreteras… No son plenamente conscientes de todo lo bueno de este país”, acota Cathrine.

Los daneses no se van de rumba como los colombianos. No tienen una música nacional fiestera como el mambo o el chachachá de Cuba o la salsa de Puerto Rico. La alegría, de hecho, no es algo muy suyo. “Somos aburridos, quizá algo fríos y muy orientados a la vida ‘indoor’ ”, reconoce Marie Kildetoft, quien trabaja en el departamento de márquetin estratégico de una conocida marca danesa de joyería.

No creemos mucho en Dios, aceptamos la vida como es, pero también sabemos que hay que trabajar duro para lograr lo que queremos.

 

Ida Martin, arquitecta de 34 años, agrega: “Nuestro sentido del humor es seco. Si contamos un chiste, no nos reímos de forma estridente. Y tenemos una manera de pensar algo cínica: no creemos mucho en Dios, aceptamos la vida como es, pero también sabemos que hay que trabajar duro para lograr lo que queremos. No somos felices en el sentido clásico. Nuestra felicidad es más profunda. Es más parecida a la palabra satisfacción”.

Y ese es justamente el sentido que el informe de las Naciones Unidas le da a la palabra felicidad. No buscan evaluar si hay mucha gente deprimida o triste, sino identificar qué tan cuidadoso y generoso es un país con sus ciudadanos, qué tanta libertad, salud, ingresos y buena gobernabilidad les ofrece. Es decir, una equilibrada mezcla de factores culturales y sociales que benefician a los individuos y al colectivo. Un ‘mix’ que Cathrine, Ida y Marie reconocen en su vida diaria.

“La gente se siente reconocida y protegida en un sistema seguro”, dice Ida, quien tuvo un posnatal de nueve meses y luego, al estar sin trabajo, recibió ayuda económica del Estado hasta que encontró su empleo como directora de proyectos en un museo. Podría haber estado cesante hasta por dos años y seguir recibiendo este beneficio; pasado ese tiempo, la ayuda es menor. Además, si su hija se enferma, por ley tiene derecho a faltar a su trabajo cuantas veces al año lo necesite.

Ida no tiene que pagar la salacuna. Cathrine y Marie no gastan en colegios. El ‘after school’ –donde van los niños a jugar y aprender después del colegio– sí debe salir del presupuesto de las familias y no es precisamente barato, pero las que lo necesitan reciben una subvención del Estado para ayudar a pagarlo. 

La salud tampoco tiene costo. La vivienda no es financiada por el Estado y es cara, pero el sueldo alcanza siempre para un espacio digno.

Estas políticas han creado un país sin grandes diferencias ni inequidades, con una gran clase media y muy poca pobreza. “Hay gente que tiene más que otra, pero los derechos son iguales para todos”, señala Marie.

Pero no toda la felicidad danesa se basa en políticas de Estado como estas. De fondo, subyacen temas culturales. Como el hygge, concepto anclado desde hace siglos en la cultura de ese país que invita a disfrutar de la calidez de las cosas simples, sencillas, como una vela prendida cuando afuera nieva. Y hay más.

“Aquí pagamos muchos impuestos (el 48,2 por ciento sobre las rentas personales, el índice más alto de la Unión Europea; el IVA, por otro lado, es del 24 por ciento) y lo hacemos felices, porque vemos que el sistema funciona. Todo se basa en la confianza. Si tomas el beneficio del día libre por enfermedad de tu hijo, por ejemplo, no tienes que presentar ningún certificado médico. Los daneses somos esencialmente honestos. Si viviera en un país con corrupción, por ejemplo, probablemente preferiría guardar mi plata debajo del colchón”, reflexiona Marie.