SEMIFINAL Barcelona 3 – Liverpool 0 Messi reina en la agonía

El Barcelona resiste y golea al imponente Liverpool gracias al don futbolístico del argentino, autor de dos goles que dejan a los azulgrana a un paso de la final de la Champions

Leo Messi celebra uno de sus dos goles, ante la mirada de Salah.JOSEP LAGO AFP

Justo antes de que se desmayara el primer acto, Leo Messi y Luis Suárez quedaron apartados de sus compañeros. El mundo dejó de existir para ellos. Ambos se agarraron las rodillas y clavaron la mirada en el césped. Como si aquella fuera la única manera de recuperar un aire que ya no existía. La agonía comenzaba a ser tremenda y defender el gol inaugural parecía poco menos que una hazaña. Pero los lobos no estaban muertos, sino resguardados. A un cuarto de hora del final, y gracias al empeño de Sergi Roberto, Suárez y Messi volvieron para hacer suya la noche. El uruguayo remató al larguero casi con la rodilla. Y Messi, que llevaba una hora sin correr, acudió al rebote con el ansia de quien se juega la vida. Gritó de rabia el rosarino antes de que el Camp Nou alcanzara el nirvana con un lanzamiento de falta que quedará por siempre en la retina de todo aquel que presenciara un partido imposible de olvidar. 

Fue una noche monumental en la que los jugadores del Barcelona, frente a un imponente Liverpool, encontraron el placer en la supervivencia para alcanzar un triunfo que les deja a un paso de la final de la Champions. Aunque en Anfield se abra otro averno.

Ernesto Valverde no ejerció de baladista. El técnico del Barcelona entendió que, frente al insoportable muro de sonido del Liverpool de Klopp, no convenía pasear con un ramo de margaritas. Así que se quitó de encima a Arthur, su futbolista más delicado, reclutó a Arturo Vidal para que ejerciera de líder de la familia Manson, y subió el volumen de Helter Skelter. «¡Tengo ampollas en mis dedos¡», gritó Ringo Starr al finalizar la grabación de aquella canción que acercaba a uno al Apocalipsis. Era la idea. Dejarse la vida.

Los planteamientos sesudos, los dibujos de pantalla digital, los triángulos… En definitiva, toda esa parafernalia de los nuevos tiempos quedó diluida en un partido de fútbol de lo más crudo y en el que el esfuerzo competitivo y la solidaridad extrema fueron el único hilo conductor. Estremecía ver recular a Messi hasta su propia área para ayudar a Sergi Robertojusto antes de iniciar una carrera de 50 metros entre quiebros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.