Los campos de trabajo forzado donde China «reeduca» a los musulmanes

Pekín responde que son «centros de formación profesional» pero los que estuvieron allí recuerdan torturas y un continuo «lavado de cerebro»

Musulmanes detenidos en un campo de «reeducación» en la región china de Xinjiang. HUMAN RIGHTS WATCH

«Tienes algo que no funciona en tu cabeza. Te vamos a enviar a un centro para arreglarlo. Tenemos que transformarte». Jarkenbek Otan todavía recuerda las palabras exactas de los policías chinos.

El cocinero de 32 años dice que llevaba días siendo apaleado y torturado con descargas eléctricas sin comprender ni siquiera el motivo.

Su peripecia había comenzado con una simple visita a la embajada china de Kazajistán. Nacido en el condado de Zhaosu, en la región china de Xinjiang, Otan se había instalado en Almaty, la capital económica del país vecino, en 2009. Su pasaporte estaba a punto de expirar y pretendía renovarlo. «Me dijeron que no podían hacerlo. Que tenía que volver a Zhaosu», rememora sentado en un céntrico café de la ciudad kazaja. Según su testimonio, el 27 de enero de 2017, tras atravesar la frontera de Khorgos, fue detenido por los agentes chinos.

«Me esperaban cuatro policías al salir de la aduana. Me colocaron unas esposas, grilletes en los pies y me trasladaron a una prisión situada en un subterráneo. Allí pasé una semana».

Las primeras palizas estuvieron motivadas por la presencia de Whatsapp en su teléfono. Los agentes chinos le acusaron de ser un «espía» de Kazajistán. «Me daban descargas de electricidad y me preguntaban ¿Por qué tienes Whatsapp? ¿Eres un espía? ¿Has estado en EEUU, en Turquía, en los países árabes?», añade.

Los siete días concluyeron cuando un equipo de agentes de Zhaosu se personó en las dependencias policiales para trasladarlo a esa demarcación, en la autonomía kazaja de Xinjiang, donde se agrupa la población de ese origen. Cuando llegó -«eran las 5 de la tarde, pero ya era de noche», apostilla-,le esposaron a una tubería. Le dejaron allí toda la noche. «Ni siquiera me dieron de comer».

A la mañana siguiente, le informaron que iba a ser interrogado por el jefe de la comisaría. No llegaron a cruzar ni una palabra. El personaje apareció y comenzó a golpearle con una estaca. Tanto que le partió el tabique nasal. «Perdí el conocimiento. Cuando me desperté estaba sangrando por la nariz», asevera. Fue allí cuando le explicaron los motivos de su detención. Las autoridades de Pekín parecen haber decidido que la religión y la cultura musulmana de Otan necesita ser «transformada» bajo sus propios parámetros.

VÍCTIMAS DE UNA «CAMPAÑA DE REEDUCACIÓN»

Cientos de miles de de musulmanes kazajos, uigures y de otras minorías nativas de Xinjiang han sufrido la misma suerte en el entramado de campos de reeducación establecidos en esa región del oeste del país. Entre un millón, la cifra que maneja la ONU, y los 3 millones que estimó un informe del Pentágono.

Tras negar su existencia durante meses, en 2018 el gobernador de Xinjiang, Shohrat Zakir, admitió la presencia de estos recintos aunque dijo que eran «centros vocacionales» de formación profesional destinados a combatir «el extremismo religioso». Por supuesto, ese esfuerzo mantiene un estricto respeto a los «derechos humanos», según la versión que defendió en su diálogo con la agencia Xinhua.

EL MUNDO ha conseguido hablar en Kazajistán con media docena de víctimas de esta campaña extrema de reeducación que rememora los esfuerzos en el mismo sentido que se realizaron durante la égida de Mao Zedong. Si entonces el objetivo era suprimir la «decadencia burguesa» -uno de los eslogan de aquella era-, ahora se trata de enfatizar la primacía del Partido Comunista Chino sobre el Islam

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