Reportaje:

Caso Yuliana Samboní: cómo el brutal asesinato de una niña indígena a manos del conocido arquitecto Rafael Uribe enfrentó a la vieja y la nueva Colombia

 
Yuliana Samboní
Image captionYuliana Samboní vivía con su familia en un barrio humilde de Bogotá, donde fue raptada. Foto: familia Samboní

“¿No sabes lo que pasó en este edificio?”.

Esta pregunta me la hizo a finales de octubre un amigo mientras almorzábamos en el departamento que yo había alquilado a través de internet para pasar unos días visitando Bogotá.

La expresión seria de su cara me hizo entender en seguida que no se trataba de nada bueno.

“En el departamento del piso de arriba encontraron muerta a la niña Yuliana Samboní“, me dijo.

No necesité que me diera más detalles.

Hace un año, el 4 de diciembre de 2016, la menor indígena de origen humilde fue secuestrada, violada y asesinada por el arquitecto de 38 años Rafael Uribe Noguera, perteneciente a una conocida y acaudalada familia bogotana.

El crimen, que sacudió a la sociedad colombiana como pocos antesocurrió en el barrio de Chapinero Alto, una de las zonas de moda en el norte de Bogotá, en la que en los últimos años se han abierto numerosos bares, tiendas y restaurantes de esos que aparecen en las guías para turistas.

En las semanas posteriores al asesinato mucha gente se acercó a la puerta de entrada del edificio -construido hacía apenas tres años por la propia familia de Uribe Noguera- para dejar flores, velas y carteles en recuerdo de Yuliana.

Un desafío

Rafael Uribe
Image captionRafael Uribe Noguera pertenece a una conocida y acaudalada familia bogotana. (Foto: cortesía de El Tiempo)

Debido a la gran repercusión que tuvo el caso en la opinión pública, el asesinato de Yuliana supuso un desafío sin precedentes para las autoridades.

Al día siguiente de producirse el crimen, tras hacerse públicas las identidades de la víctima y de su asesino, surgió un clamor popular exigiendo que se hiciera justicia, con miles de ciudadanos pidiendo en la calle y en las redes sociales que la muerte de la niña no quedara impune.

Muchos creían que Rafael Uribe Noguera -un hombre apuesto, soltero y de buena familia- podría eludir su responsabilidad, como había sucedido en el pasado en Colombia en tantos otros casos que involucraban a personas de clase alta “bien conectadas”.

El hecho de que se señalara a los hermanos del asesino -Francisco y Catalina- como encubridores (todavía deben ser juzgados) y que el guarda de seguridad del edificio en el que murió Yuliana se suicidara en extrañas circunstancias a los pocos días de la muerte de la niña, no hizo sino aumentar los temores de que no se llegara a esclarecer lo sucedido.

Protesta por la muerte de Yuliana SamboniDerechos de autor de la imagenEPA
Image captionLa muerte de Yuliana Samboní generó movilizaciones e indignación en Colombia.

El escrutinio sobre la labor de las autoridades en las horas y días posteriores al asesinato fue tal que hasta el presidente colombiano Juan Manuel Santos -en cuyo círculo cercano se encontraban personas vinculadas a los Uribe Noguera- se pronunció para condenar lo ocurrido y exigir justicia.

Muchos vieron en este caso una batalla entre dos países.

Por un lado, la “vieja Colombia”, en la que, como todavía sucede en muchas otras naciones de América Latina, las clases pudientes, gracias a su cercanía con el poder, hacen y deshacen a su gusto, y actúan con impunidad, cerrando filas para proteger a los suyos.

Por el otro, la “nueva Colombia”, un país que, tras más de medio siglo de conflicto armado y pese enfrentar todavía grandes problemas de violencia y desigualdad, se encuentra en plena transformación política, económica y social.

Pronto se quedó claro que la ciudadanía no iba a permitir que el crimen de Yuliana quedara impune.

Secuestrada y asesinada

En la mañana del domingo 4 de diciembre de 2016, Rafael Uribe Noguera salió en su camioneta de su residencia en el barrio de Chapinero Alto en dirección a Bosque Calderón, una humilde barriada de construcciones informales situada a unos pocos kilómetros de distancia.

Bogotá
Image captionEn este edificio, construido por la familia Uribe Noguera, se halló el cuerpo de Yuliana. (Foto: Google Maps)

Al llegar allí, aparcó, abrió la puerta de su auto y entabló conversación con Yuliana Samboní, quien estaba jugando en la calle junto a su primo.

La niña de 7 años vivía en ese lugar con su hermana pequeña y sus padres -Juvencio y Nelly-, quienes meses atrás habían decidido mudarse a la gran ciudad desde el empobrecido Departamento del Cauca -en el oeste del país- en busca de una vida mejor.

Tras intercambiar unas palabras, Uribe Noguera agarró a la Yuliana por el brazo y la introdujo a la fuerza en su camioneta, abandonando el lugar a toda velocidad.

Nada más producirse el rapto, los familiares de la pequeña contactaron a la policía, que inició una extensa operación de búsqueda.

Gracias a las descripciones de vecinos de Bosque Calderón y a las grabaciones de unas cámaras de seguridad, se pudo identificar al dueño del automóvil en el que la niña había sido secuestrada.

Las indagaciones que se realizaron en las horas posteriores llevaron a la policía hasta un apartamento propiedad de Rafael Uribe Noguera en el edificio Equus 66, situado en Chapinero Alto.

No se trataba de la vivienda habitual del arquitecto, que quedaba a unas pocas cuadras, sino de un departamento dúplex de su familia que se encontraba vacío y en proceso de arriendo, en el que en la noche del domingo 4 de diciembre se halló el cuerpo sin vida de Yuliana.

Según reveló la autopsia, había sido violada, torturada y asfixiada hasta la muerte.

Pero Rafael Uribe Noguera, quien no contaba con antecedentes penales, no estaba en la escena del crimen.

Internado en una clínica

Horas antes se había trasladado en un taxi junto a su hermano Francisco -abogado que trabajaba en uno de los bufetes más conocidos de Bogotá- a una clínica privada por sufrir una aparente sobredosis de drogas.

Rafael Uribe recibe la notificación de arrestoDerechos de autor de la imagenEPA
Image captionUribe Noguera oyó los cargos que las autoridades presentaron en su contra mientras estaba internado en una clínica privada, dos días después del crimen.

Fue en esa clínica en la que dos días después, postrado en su cama y llevándose las manos a la cabeza, Uribe Noguera oyó los cargos que las autoridades presentaron en su contra: secuestro simple, acceso carnal violento, tortura y feminicidio agravado.

Las pruebas eran contundentes. Además de las grabaciones de las cámaras de seguridad que mostraban a la pequeña Yuliana con vida en el interior del vehículo del arquitecto, se hallaron en el auto de este y en su departamento prendas de la víctima y restos de su ADN en el cuerpo de la pequeña.

Con el paso de los días se fueron conociendo otros detalles del caso, que apuntaban a que Francisco y Catalina Uribe podían haber ayudado a su hermano a alterar la escena del crimen y a eliminar pruebas -como los mensajes de texto del celular del sospechoso-, lo que hizo aumentar la indignación popular.

También se hicieron públicos detalles de la vida personal de Rafael Uribe, quien, según algunos relatos, era dado a los excesos con el alcohol, las drogas y las mujeres.

Tras ofrecer diferentes versiones de lo ocurrido, a mediados de enero de 2017 Rafael Uribe Noguera se declaró culpable y tres meses después fue condenado a 51 años de cárcel, pena que a principios de noviembre le fue aumentada hasta los 58 años.

Un año después de la muerte de Yuliana, sus padres, quienes hace meses regresaron al Departamento del Cauca, esperan todavía recibir una compensación económica de parte de la familia Uribe Noguera.

Los hermanos del asesino están a la espera de ser enjuiciados por presunto encubrimiento.

Dos países

“En este caso, por los detalles que se conocen, parece que la familia de Uribe Noguera pensaba que estaba en la vieja Colombia”, me cuenta el periodista colombiano de BBC Mundo Juan Carlos Pérez Salazar.

“Colombia es un país muy clasista. En grandes ciudades como Bogotá el poder se acumula en unas pocas familias y la gente que pertenece a esas familias está acostumbrada a manipular la ley”, asegura.

Juvencio Samboní
Image captionJuvencio Samboní, padre de Yuliana, y su esposa, abandonaron Bogotá poco después del asesinato de su hija. Foto: Guillermo Torres/ Semana

“Hay un dicho muy viejo en el país que dice que ‘la justicia es para los de ruana’, que son los campesinos. O sea, que solo se aplica la justicia a la gente pobre”.

Según Pérez Salazar, “en este caso había detalles que apuntaban a que podía haber impunidad y que hacían pensar que la familia del asesino creía que estaba por encima de la ley“.

“Hace 20 o 30 años posiblemente hubieran logrado que el acusado saliese libre. (…) Pero este fue un asesinato muy simbólico y muchos ciudadanos y medios lo siguieron con atención, lo que hizo que hubiera un escrutinio importante sobre la justicia y que esta finalmente terminara condenando a Uribe Noguera”.

“Yo no recuerdo un caso parecido, resuelto con esta rapidez y contundencia”.

Pérez Salazar cree que esto demuestra que “pese a los grandes problemas de desigualdad, violencia y clasismo que todavía existen, Colombia es de alguna manera un país nuevo que está en proceso de cambio”.

Para el periodista de BBC Mundo, este caso también es un reflejo de dos de los grandes males que todavía aquejan a Colombia, como son el racismo y el machismo.

Niños desprotegidos

La muerte de Yuliana Samboní vino a engrosar la larga lista de feminicidios que se producen cada año en Colombia, la mayoría de los cuales -hasta un 90%, según cifras oficiales- quedan impunes.

El instituto de “virtudes tradicionales” de China que enseñaba a las mujeres a ser “obedientes” y a no protestar cuando fueran golpeadas por sus maridos

 
File imageEl instituto enseñaba que las mujeres no debían protestar al ser maltratadas por sus maridos.

En la Escuela de Cultura Tradicional de Fushun, en el noreste de China, las enseñanzas de “moral” para mujeres se resumían en tres mandatos: hablar menos, hacer más tareas domésticas y ser “obedientes” con los hombres.

Al menos eso se deprende de un video sobre las clases en este instituto que se hizo viral la pasada semana y llevó a las autoridades chinas a decretar su cierre inmediato por violar “los valores centrales del socialismo”.

En la grabación de las lecciones de “virtudes tradicionales”, que se filtró en la red social china Weibo (la versión china de Twitter), la profesora argumenta que “las mujeres no deberían esforzarse por avanzar en la sociedad, sino que deberían permanecer siempre en el nivel inferior”.

“Si pides comida en lugar de cocinar, estás desobedeciendo las reglas para las mujeres”, aseguraba la instructora.

Otra de las maestras decía que las mujeres deberían obedecer incondicionalmente a sus padres, esposos e hijos, que nunca deberían discutir cuando se les regañara ni protestar cuando se les pegara.

Una de las profesoras decía que si la mujer pedía comida, en lugar de cocinar, estaba desobedeciendo las reglas.
Image captionUna de las profesoras decía que si la mujer pedía comida, en lugar de cocinar, estaba desobedeciendo las reglas. (Foto: YouTube)

Y, claro, dicen que tampoco deberían divorciarse.

Según se aprecia en el video, entre las tareas “prácticas” que enseñaba el instituto se encontraba tender apropiadamente la cama y limpiar el piso y el inodoro con las manos sin protección.

En otro “consejo” uno de los maestros advierte que si una mujer tiene relaciones sexuales con más de tres hombres, el semen se volvería venenoso y podría matarla.

Entre las enseñanzas prácticas estaba limpiar el inodoro con la mano y sin guantes
Image captionEntre las enseñanzas prácticas estaba limpiar el inodoro con la mano y sin guantes. (Foto: YouTube)

Sea lo que sea lo que pregunte su marido, su respuesta debería ser: ‘Sí. Enseguida‘”, se le escucha decir a otro de los profesores.

Clausurada

De acuerdo con la agencia estatal china Xinhua, estas clases de moral comenzaron en 2011 por iniciativa de la “Asociación de Investigación sobre la Cultura Tradicional de Fushun” para “defender los valores del confucionismo”.

No obstante, el ayuntamiento de la localidad aseguró que las lecciones empezaron sin el visto bueno de las autoridades y que, por tanto, serían suspendidas.

La escuela, que recluta a estudiantes de todo el país, se agrandó en los últimos años y tiene también sucursales en ciudades como Wenzhou (este), Zhengzhou (centro) y Sanya (sur extremo), según el diario chino Global Times .

En declaraciones a este periódico digital, los empleados del video aseguraron que el contenido del video era una “tergiversación” de su trabajo para promover la cultura tradicional.

la escuela
Image captionLa escuela basaba sus enseñanzas en valores conservadores de obediencia. (Foto: YouTube)

Pero este no fue el punto de vista del buró de educación local de Fushun, que aseguró que las enseñanzas del instituto iban en contra de la “moral socialista“.

En un comunicado en su página de Weibo, indicaron, además, que realizarían un control más amplio para localizar institutos similares.

“Debemos detener cualquier fenómeno que viole los valores centrales del socialismo”, dice la declaración.

Según Global Times, los cursos de moral tradicional basados en la filosofía de Confucio se han multiplicado en China en los últimos años y sus enseñanzas remiten a valores conservadores de obediencia.

El confucionismo, que fue practicado durante la época imperial, se prohibió tras la revolución comunista de 1949.

Sin embargo, tras la llegada a la presidencia de Xi Jinping esta filosofía se ha puesto de moda, al punto que el propio presidente cita a Confucio en sus discursos como referencia patriótica a las tradiciones chinas.


Publi/reportaje:

Cooperativa de transportes /Centinela del Oriente/,  primera intercantonal, sirviendo a Pastaza y al país.

Esta fue la primera cooperativa de transporte intercantonal desde Puyo, Pastaza hacia el cantón Palora en Morona Santiago, cuando se cruzaba en gabarra por el río Pastaza, con caminos inhóspito y peligrosos, ….Las unidades se deterioraban, y no estaban en condiciones optimas. Incremento su ruta a Macas

Ante la acogida ciudadana s e convirtió en una cooperativa interprovincial con rutas directas a Quito y Ambato..

Con la presencia d su gerente actual, Carlso Chavez, la cooperativa se ha fortalecido con nuevas y modernas unidades a la altura de las grandes cooperativas de buses  internacionales para brindar comodidad y seguridad, pero además en el servicio de índole social.

Hace poco la Cooperativa Centinela del Oriente, sede Puyo, firmó un convenio de cooperación con la Fundación Vida: Unidos contra el cáncer, para brindar durante un año el servicio gratuito a las personas que sufren de cáncer mas un acompañante para sus diferentes tramites y atenciones en la ciudad de Quito, con pasaje gratuito para dos personas ida y  retorno.

Centinela del Oriente, más que un transporte, es un servicio a la comunidad,

SALUDA en estos 58 años a la provincia de Pastaza , con el  compromiso de seguir trabajando por el bienestar de cada uno de sus pasajeros.

Carlos Chavez

Gerente

 


Especial : Domingo

Domingo 28 octubre 2017

 Los Canelos, una herencia legendaria que persiste

Origen

Los Canelos, los primeros Kichwas que tomaron contacto con la Misión Dominicana que tras la conquista española en América, buscaron pueblos remotos y en estado primitivo para adoctrinarlos, en el siglo XV, en el tiempo de la inquisición de la Iglesia Católica /M. Gálvez/.

En el libro: Canelos vive en la historia, publicada por la casa de la Cultura en 2011, del autor Oscar Ledesma, se señala  que un pueblo de nombre MAUKALLACTA, vieja tierra, en kichwa, estaba asentada en el valle que forma la desembocadura del rio Maukallaktayuku al caer el rio Bobonaza, allí rodeado de frondosos árboles de canela. Poco a poco, con el paso del tiempo, se traslada hasta el lugar donde hoy se asienta el centro poblado Canelos, bajo la tutela de la Misión Dominicana, que asentó allí la primera Misión en Pastaza.

Los Canelos, según la versión de la propia Iglesia, son el producto de una fusión biológica de varios grupos aborígenes y clanes familiares /Pendays, gayes, shimigayes, muratos, gualingas, inmundas, quijos, canelos, sapáras y hasta jíbaros/, quienes coincidieron en la necesidad de huir de sus sitios de origen para evitar ser adoctrinados por los misioneros y de la leyes generadas por la Corona española para saquear sus riquezas como el oro.

En 1581, bajo el auspicio de los religiosos  de Santo Domingo, se hace una primera fundación del lugar, y en 1624, en una segunda intención el P, Sebastián Rosero funda la Misión  de canelos, con el objeto de crear un tambo de descanso en las aciagas jornadas con rumbo al Marañon o Amazonas, hacia la Misión de Mainas, Perú.—Brasil.

Con la conquista y la evangelización llegó al sector el kichwa, idioma que en poco tiempo impuso su fuerza e influencia en casi la totalidad de los grupos y familias que para ese entonces tenían sus propias lenguas dialécticas

Una vez sometidos los indígenas de la zona de Canelos, se acrecentaron aún más las diferencias con los grupos nativos del otro lado del río Pastaza, mismos que por historia eran reconocidos como pueblos guerreros, reductores de cabezas humanas, protagonistas de las más insólitas crueldades, indómitos y resistentes a cualquier alianza y contacto con otro grupo, acusándoles a los canelos de haber permitido el contacto con el /blanco/.

Política y administrativamente Canelos en su historia fue identificado como el País de la Canela, luego con la creación de la provincia No.15, de nombre Oriente, en mayo 1861, Canelos se constituye en el segundo cantón de la provincia de Oriente. Posteriormente, en la presidencia del general Eloy Alfaro, en 1897, s econviertye en la región de Oriente, en esa época Canelos seguía como cantón.

Se cree que fueron las enfermedades, las pestes, epidemias, traídos por los españoles, además de los saqueos y enfrentamientos, hizo que se disminuya ostensiblemente su población hasta quedar reducido a una mínima parte de su población original.

El 13 de noviembre de 1911 cuando se publica la creación del RO No.58, del cantón Pastaza, aparece Canelos como parroquia rural del nuevo cantón Pastaza, que comprendían las parroquias de Mera, canelos, Sarayaku y Andoas..

/Espere II Parte, Sus fiestas, sus tradiciones: próximo domingo


Domimgo 22 octubre 2017

La Mujer Woarani: entre lo primitivo, sensualidad, matriarcado y emprendimiento, junto al hombre guerrero. Compartimos varias historias y reportajes.

El color rojo, caracterizado por el achiote, un producto natural que se cultiva en la selva, es el principal maquillaje y símbolo de la mujer y hombre huoarani o waorani. las mujeres mayores lo utilizan mas frecuentes y las jóvenes suelen hacerlo en su comunidades o en fiestas, porque ya en la ciudad van perdiendo esta costumbre. /M.Galvez*

Huao Onquiyenani 
Mujeres Huaorani

Texto Dayuma Albán

La vida de las mujeres huaorani transcurre entre la tradición y las transformaciones culturales y ambientales. Portadoras de conocimientos y prácticas que han permitido a su pueblo adaptarse durante años a la vida en el bosque, enfrentan ahora la adaptación a los cambios económicos, tecnológicos y sociales producto de la relación con la sociedad mestiza y occidental, asunto que las sitúa a diario en una frontera cambiante.

Dahua habita esta frontera. Mientras camina por las calles de Puyo hacia la oficina de la Organización de la Nacionalidad Huaorani de la Amazonía Ecuatoriana, saluda a la tendera, al panadero, al taxista, que conocen hace varios años a la huao que dejó la selva para vivir en la ciudad, la hija de aquellos “aucas”, guerreros temidos en el pasado. Desde su oficina, decorada con collares de semillas rojas, equipada con una computadora y un teléfono, se sitúa entre el mundo no huao y el mundo huao. Desde allí dialoga con todas las instituciones que tienen interés en el territorio de su pueblo, en sus recursos, en su gente. 

Lejos de allí, a las cuatro de la mañana, su prima Nemo se levanta, aviva las brasas que dejó el fuego de la noche anterior, y calienta agua para el penemepe, una bebida hecha con el plátano que ella misma cultivó. La bebida acompañará a la carne del sahíno que su esposo cazó, y al arroz que compró en la tienda. Antes de que el sol golpee con fuerza el manto amazónico, camina hacia uno de sus huertos; va a limpiarlo, a cosechar yuca para cocinar, preparar sopa o chicha. Lleva un machete, botas de caucho, vestido y, colgando de su frente, una canasta hecha con lianas. Al regresar a casa la esperan sus hijos e hijas, y también el mono chorongo, el tucán y el loro. Su casa está cercada por la selva y por un carretero en cuya orilla discurre una tubería oxidada por donde serpentea el petróleo, que almentará una industria, un comercio y una tecnología que no existen en su comunidad

‘Los Huaorani no sexualizan la sensualidad, pues, los placeres del cuerpo no se distinguen de otros afectos y placeres cotidianos como el dormir juntos, compartir el alimento, acariciarse entre ellos, quitarse los piojos, darse masajes y besos en el cuerpo, etc. Es lo que ellos entienden como “bienestar común”.’ 
‘(…)Tampoco es determinante la atracción sexual entre hombres y mujeres, pues aquí la bisexualidad, la homosexualidad y la heterosexualidad no están en su imaginario’

El testimonio de Joaquina Grefa, una cautiva quichua entre los huaorani (Ecuador, 1945) María Susana Cipolletti

De las primeras décadas del siglo xx datan informaciones sobre los conflictos de los huaorani con el frente de penetración en la región oriental del Ecuador – trabajadores de las prospecciones geológicas y petroleras, colonos, campesinos. Relatos de pillajes por parte de los huaorani, venganzas por muertes acaecidas en uno y otro bando y los raptos mutuos de individuos son parte de la historia y las leyendas del área.

4En la región bajo consideración, los quichua eran en su mayoría trabajadores de haciendas, que, o bien en incursiones al territorio huao, o bien en represalia de un pillaje, capturaban a huaorani. Se apoderaban preferentemente de niños de uno u otro sexo o de muchachas las cuales, en la mayoría de los casos, terminaban como « trabajadores » en haciendas de la región o, en algún caso, como empleadas de servicio doméstico en Quito. Estos casos se hallan documentados aproximadamente a partir de 1900 (Cabodevilla 1994, pp. 192, 214, 245; Stoll 1982, p. 281). La condición de los huaorani como trabajadores en las haciendas se asemejaba más a la de siervos y esclavos que lo que solemos entender con esa denominación. Con la entrega de varias muchachas huaorani a un patrón de conspicua aparición en las fuentes (Carlos Sevilla), su captor saldó con él una deuda monetaria (Dall’Alba 1992, p. 106), lo que muestra que los huaorani tenían un valor definido. Mientras que a los patrones les interesaba la fuerza de trabajo gratis que aquellos representaban, la orden católica de los josefinos, activa en el área, también mostraba interés – aunque por motivos muy diferentes –, pues esperaban educar a algunos niños para que actuaran de mediadores en contactos futuros (Cabodevilla 1994, p. 243). Los huaorani apresados no sobrevivieron por lo general a las condiciones de vida lejos de su grupo, enfermaron gravemente o cayeron en un estado de apatía y depresión, como dos mujeres presas en un claustro en Quito o, en un acto de desesperación, se  suicidaron ingiriendo barbasco (veneno para peces; véase Blomberg 1996, pp. 48 ss., 54 ss.).

5Con el recrudecimiento de los conflictos internos entre los huaorani alrededor de 1950, varias mujeres huyeron hacia el exterior. La fuga más famosa fue la de Dayuma, pues abrió las puertas a la misión del Instituto Lingüístico de Verano (ILV/SIL), luego que la misionera Rachel Saint la liberara de su destino en la hacienda Illa y regresara con ella al grupo huao. El coraje de las mujeres que huían de la situación desesperada que vivían en el seno de su sociedad, se patentiza aún más al considerar que, en opinión de los huaorani, los quichua, los mestizos y los blancos eran caníbales (Rival 1996a, p. 71; Wallis 1996, p. 49)2.

6La toma de cautivos y su incorporación violenta era así común a ambas sociedades. Sin embargo, el fenómeno presenta una diferencia esencial: las mujeres huaorani eran incorporadas al estrato más bajo de la sociedad regional y de los trabajadores de la hacienda – previa violación, que era parte de la incorporación a ese nuevo mundo. Por el contrario, la situación de las cautivas quichua, como veremos en el relato de Joaquina, no parece haberse diferenciado en nada de la de otras mujeres del grupo. Eso sí, los huaorani tomaron las medidas necesarias para que se asemejara a ellos: le quitaron la ropa, le agujerearon los lóbulos de las orejas y, el mismo día en que la raptaron, le dieron una hamaca – en realidad, dos, pues la niña, enfurecida, arrojó la hamaca al río… actitud que no logró irritar a sus captores, que esa misma noche le entregaron otra (Tidmarsh y Grefa 1945, pp.  1, 5). Las informaciones existentes no dan pie a la afirmación de los Robarchek (1998, p. 98) de que la expectativa de vida de las cautivas era breve, pues las mataban luego de unos meses: varias cautivas vivieron muchos años con los huaorani, y por lo menos una antigua cautiva sigue viviendo allí en la actualidad, casada con un viejo guerrero (St. Beckerman, comunicación verbal, enero 2001, foto en Cabodevilla 1994, p. 454).

7El grupo con el que vivió Joaquina estaba compuesto por 32 personas, de las cuales 18 eran mujeres: además de Joaquina, había otras dos mujeres quichua: Margarita y Api (Victoria), la cual había sido raptada de pequeña y huyó luego con Dayuma en 1947 (Cabodevilla 1994, p. 262; Wallis 1996, p. 58)3. Sobre Margarita no hemos encontrado más informaciones.

8Años más tarde, en 1957, vivió en este mismo grupo una muchacha llamada Maruja Huatatoca, raptada cuando tenía 18 años, luego de que asesinaran a su esposo. Su liberación se debió a la influencia ejercida por el Instituto Lingüístico de Verano, cuando dos mujeres huaorani regresaron a su grupo luego de una larga ausencia y convencieron al esposo huao de Maruja de que la liberara (Elliot 1989, pp. 29, 57; véase también Cabodevilla 1994, pp. 315, 335).

9El último caso de cautiverio del que tenemos noticia se halla documentado en el relato de un guerrero huao: en 1964 su grupo atacó a una familia quichua y robó a una niña de unos 5 años, que vivió varios años con ellos y con otro niño raptado anteriormente. También en este caso los dos cautivos fueron liberados bajo la presión de Dayuma (Patzelt 1992, p. 64).

11La alteridad entre ambas sociedades indígenas era muy marcada: los huaorani concebían a todo extraño al grupo como un eventual caníbal e inspiraban a su vez terror a los quichua con sus silenciosos desplazamientos por la selva, sus ataques sorpresivos y su veloz retirada. Entre los quichua empleados por las compañías petroleras circulaba el rumor que no se los podía matar con armas de fuego y que arrojaban ayaallpa (tierra sacada de antiguos entierros) a los trabajadores, para sumirlos en un profundo sueño y poder atacarlos impunemente (Muratorio 1987, pp. 169 s.). Los quichua negaban a los huaorani el don del lenguaje – o sea, la condición de seres humanos –, ya que no reconocían su idioma como habla humana y opinaban que aquellos « sólo producen sonidos » o que « sólo hacían ruidos como animales » (Elliot 1989, p. 33; Blomberg 1996, p. 54). En las últimas décadas las relaciones entre individuos de ambas sociedades han cambiado de signo e incluyen transacciones comerciales y sociales, como compadrazgos y casamientos. Yost (1981b, pp. 700 s.) analiza las relaciones en los años 70, que presentan diferencias también con respecto a las actuales. Si bien los quichua siguen viendo a los huaorani como « salvajes », la opinión de las mujeres quichua es favorable, pues los huaorani son excelentes cazadores, no castigan a las mujeres ni les exigen grandes trabajos. Para suegros potenciales, tener a un yerno o una nuera huao implica el acceso a su territorio y, así, a sus ricos recursos naturales (Rival 1996a, p. 178).

Los protagonistas

A continuación me referiré a las sociedades protagonistas de esta historia sólo en la medida necesaria para enmarcar el relato de Joaquina. « Auca » es una palabra quichua que significa « salvaje », y se aplicó desde la época colonial hasta la actualidad a distintos grupos étnicos en diferentes regiones. En el Ecuador los huaorani recibieron esta denominación hasta hace unos diez años, cuando, en parte a su instancia, se suplantó por el etnónimo propio: huao, « persona » (singular), huaorani (plural).

13La bibliografía sobre esta etnia consiste sobre todo en relatos de viajes de aventura y expediciones, inspiradas por esta sociedad elusiva, guerrera y que en opinión de los extraños vivía aún en « la edad de piedra ». Los trabajos antropológicos son aún escasos y pueden reducirse a tres autores: James Yost (1981a, 1981b, 1994), Laura Rival (1993, 1996a, 1996b, 1998, 1999) y Miguel Ángel Cabodevilla (1994). Más que realizar un análisis etnográfico, Cabodevilla ubica la historia huao en un contexto nacional y señala las intrincadas relaciones e influencias entre ambas, utilizando un vasto número de fuentes, que incluyen documentos de archivos regionales y grabaciones magnetofónicas de miembros de la orden capuchina.

14La proveniencia geográfica y la filiación cultural de los huaorani son poco claras. Recién a partir de principios del siglo xx, con las incipientes incursiones en su territorio, se tomó conocimiento de su existencia. Aunque éste no es el lugar para una discusión extensa de la filiación huao, hay que señalar que diferentes autores los identifican como descendientes de los (hoy desaparecidos) abijira o auishiri, basándose en el hecho de que habitaban el mismo territorio. A partir de esta premisa, atribuyen a los huaorani los rasgos culturales auishiri que apuntó Tessmann (1930, pp. 475-486), sin tener en cuenta que el vocabulario auishiri que trae este autor es claramente no huao. En cambio, sí lo es el vocabulario procedente de un grupo al que denomina « Sabela » (Tessmann 1930, pp. 298-302); denominación que, sin embargo, no había logrado aclarar el panorama, ya que no era posible relacionarla con ninguna sociedad de la región. Su origen ha sido explicado por Cabodevilla (1994, p. 258), basándose en la obra del viajero Loch: Sabela proviene de « Isabel », un nombre dado a una mujer huao que alrededor de 1910 tuvo contactos con los empleados de una hacienda de la región, quienes utilizaron este nombre para denominar a todo el grupo.

15La desaparición de los auishiri, que en el pasado habitaban parte del territorio actual huao, puede atribuirse a que fueron en parte aniquilados por los huaorani y formaron una de las corrientes que confluyeron en la etnogénesis de la actual etnia quichua de las tierras bajas. Otros hechos apuntalan asimismo la no-identidad auishiri/huaorani4.

Los huaorani bajo la mirada de Joaquina

Si bien el relato de Joaquina pertenece al género autobiográfico, no se trata de una historia de vida en el sentido estricto del término, ya que ella no pudo elegir sus temas. La niña no cuenta espontáneamente sino guiada por las preguntas concretas de Tidmarsh. Algunas de sus observaciones parecen sin embargo inspiradas en una comparación de rasgos contrarios a los existentes en las sociedades quichua, como sus informaciones acerca de que los huaorani no castigan a las mujeres, no usan el alucinógeno floripondio (Datura/Brugmansia sp.), no mastican la yuca para hacer chicha, no comen separados por sexos y que las mujeres se acuestan en una hamaca para el parto, en vez de dar a luz fuera de la vivienda (Tidmarsh y Grefa 1945, p. 6; véase Rival 1998, p. 623). Es posible suponer lo que no mencionó a un extranjero adulto, misionero además: el hecho que los huaorani quisieron casarla recién un año más tarde se debió probablemente a que esperaron a que tuviera su primera menstruación.

27La confiabilidad de las informaciones de Joaquina se ve reforzada por la presencia de dos cautivas quichua, que seguramente sirvieron de intermediarias en el conocimiento del mundo huao. La vida diaria transcurría armónicamente, no existían peleas entre los hombres, quienes tampoco pegaban a las mujeres. Su afirmación del buen trato recibido por parte de sus captores es tanto más confiable cuanto que no estaba dictada por la simpatía. Joaquina los odiaba, por lo cual no les indica que se debe cocinar el arroz, que habían obtenido en un pillaje, y se abstiene de intervenir cuando lo comen crudo. Su observación de la convivencia armónica de los huaorani no cuadra evidentemente con las opiniones y expectativas de los quichua, que le proporcionaron a Blomberg (1996, p. 31) como proveniente de Joaquina una versión lúgubre de la vida cotidiana, según la cual las mujeres viven en un miedo constante a los hombres.

28La composición del grupo con el cual vivió, su aprovechamiento del medio ambiente y su relación con el mundo exterior y las influencias surgidas por el contacto son algunos de los temas que se hallan en su relato.

29La gente del grupo al que fue incorporada Joaquina eran llamados los gikitairi (véase Robarchek y Robarchek 1998, p. 98) y constaba de 34 personas, 11 hombres y 16 mujeres (sin contar a Joaquina, dos de las cuales eran cautivas quichua) y 6 niños. Este grupo residencial mantenía únicamente contacto con un grupo aliado que habitaba una vivienda situada a varias horas de marcha. Según Rival, los grupos residenciales obtienen un grado óptimo de endogamia y estabilidad autárquica a través de la hostilidad hacia los demás, que son enemigos. Cuando se da una falta de esposas, desacuerdos y divisiones internas, estos grupos se realinean en acuerdos con los anteriores enemigos, lo cual acarrea violencia y destrucción, que puede conducir a la desaparición de grupos enteros (Rival 1993, p. 367).

30Dos informaciones del relato muestran que estos años estaban caracterizados por la paz interna y la guerra externa: los habitantes de la vivienda no apostaban centinelas y dormían tranquilos hasta el amanecer. En épocas de guerra interna, por el contrario, los huaorani levantaban barricadas alrededor de las casas, borraban sus huellas y apostaban centinelas (Yost 1981a, p. 111). Si un huao gritaba en broma que se acercaban los kowori (no-huaorani), la gente corría a esconderse en la selva – lo que revela al mismo tiempo el temor que estos inspiraban y también una de las formas del humor huao…….

La mujer Woarani siempre fue y ha sido luchadora defensora de su selva y territorio y ha luchado junto al hombre, es la primera etnia amazónica ancestral donde el matriarcado se ha impuesto, los hombres han sido guerreros obedientes de sus mujeres, han compartido sus camas-hamacas hasta 6 mujeres, incluso hermanas, en armonía y sin peleas, el primer ejemplo fue de Dayuma ya fallecida. Y las mujeres huaoranis, una vez en el contacto continental se ha organizado con sus emprendimientos y se han fortalecido con la Asociación de Mujeres Waoranis, de la Amazonia Ecuatoriana AMWAE, CREADO EN 2005.

/En el año en que se firmó el nuevo acuerdo global por el clima, indígenas de Ecuador, Brasil y Perú pactan por la biodiversidad. Grupos huaoranis ya no cazan. En su lugar, desde 2010 cuidan y protegen los árboles de cacao.

Tres etnias indígenas han tomado medidas para preservar la biodiversidad del planeta. Cada mañana, la comunidad huaorani de Gareno, a 70 km de Tena, canta en huao terero –su lengua materna– para obtener la fuerza que les permita cuidar a los árboles de cacao que son el sustento de sus familias y la razón por la cual dejaron la cacería e hicieron en 2010 un pacto por la conservación.

Ante la cantidad de carne de animales silvestres que salía al mercado, la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana (Amwae) creó un proyecto de entrega de plantas de cacao a mujeres indígenas y, a cambio, los hombres debían dejar la cacería.

En Brasil, donde está la mayor cantidad de selva de los 6,1 millones de kilómetros cuadrados que hay en la región, los paumaris que viven en la cuenca del río Tapaua, también apuestan por el manejo sustentable de su principal fuente de ingresos: el pirarucu, un enorme pez de río cuya pesca estaba prohibida. Tras siete años de trabajo con la ONG Operación Amazonía Nativa, los paumaris recuperaron la población de pirarucu, que estaba diezmada, y consiguieron que la pesca sea legal y sustentable./eluniverso.

 

 

viernes 20 octubre 2017

Una de cada 10 mujeres en el país fue víctima de abuso sexual en su infancia o adolescencia

(El comercio) Ecuador lanzó la campaña Ahora que lo ves, di no más en contra del abuso sexual infantil. 

Agencia EFE “Una de cada diez mujeres en Ecuador fue víctima de abuso sexual cuando era niña o adolescente”. Es una de las cifras, apenas “la punta del iceberg”, con las que Unicef lanza una campaña contra este tipo de violencia en el país, donde algo más de la mitad de los 16,5 millones de habitantes son mujeres.

“Aunque tenemos esa cifra de uno de cada diez, creemos, y no solamente en Ecuador, que la dimensión del problema va mucho más allá que ese porcentaje”, dijo a EFE el representante de Unicef en Ecuador, el sudafricano Grant Leaity, al comentar que una de cada cuatro víctimas en el país “nunca” lo denunció. Aseguró que las víctimas callaron por temor a las consecuencias, por vergüenza, por impotencia o por miedo a las amenazas.

Basándose en datos oficiales, Leaity indicó que el 65% de los casos de abuso sexual los cometieron “familiares y personas cercanas a las víctimas” y que, de los familiares que abusaron, “casi el 40 % abusó varias veces de la misma víctima y el 14 % lo hizo de manera sistemática”. “Los datos son alarmantes, pero son apenas la punta del iceberg”, dijo al asegurar que también hay menores varones que han sido víctimas, pero no se conocen las cifras.

El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia añadió que a una de cada tres víctimas de abuso sexual “nunca le creyeron” y que del total de casos de abuso sexual, sólo el 15 % fue denunciado, “y sólo el 5,3 % sancionado”. Son algunas de las cifras que Unicef quiere exponer por medio de la campaña “Ahora que lo ves, di no más”, que presentó  ( junio de 2017)  y con la que no sólo pretenden alertar sobre la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, sino formular un llamamiento para toda la sociedad a que también combata ese tipo de violencia.

“Esto no se resuelve por solamente una instancia. Es un problema muy complicado y requiere corresponsabilidad de los padres de familia, de las autoridades locales y nacionales”, indicó al comentar que se trata de un fenómeno que no sólo afecta a Ecuador sino que ocurre en el mundo en diferentes niveles. Por ello, Unicef desarrolla programas contra la violencia infantil en 70 países pues “prácticamente no existe una región donde esto no se presente como un problema, una preocupación”, comentó. “Si bien en Ecuador, ha habido grandes avances en los ámbitos de salud y educación, consideramos que el tema de la violencia contra la niñez y abuso sexual, en particular, es todavía un pendiente”, señaló al recalcar que la situación “es grave” y “topa todo nivel de la sociedad”.

Con apoyo de cantantes locales como Daniel Betancourth, Karla Kanora, Mirella Cesa e Israel Brito y figuras de la televisión, Unicef quiere llegar a la población con mensajes a través de medios de comunicación y redes sociales para recalcar también en la importancia de no callar ante la violencia.

Unicef, que pretende mantener la campaña hasta fines de este año 2017, también trabaja con instancias estatales para erradicar la violencia sexual y en la capacitación de jueces en temas de violencia de género. La organización de la ONU desarrollará, además, talleres para expandir el mensaje de lucha contra el abuso sexual infantil, cuyas consecuencias, “sobre todo las mentales, son normalmente para el resto de la vida”, indicó Leaity.

“Las personas (abusadas) tienen vergüenza, no tienen muy buena autoestima, tienen desconfianza a veces de su familia, de las autoridades y de la sociedad en manera general”, dijo al considerar que es “entendible” que se trata de un tema “delicado” cuando la mayor parte de hechos ocurren en el seno familiar. Junto con la organización no gubernamental ecuatoriana Ecuador Dice No Más, buscan también hacer un llamamiento a las víctimas y a los testigos para que no callen. “El silencio, finalmente es la complicidad, es aceptar que ese es un fenómeno que es así. Lo que hay que hacer es romper este silencio”, dijo al reiterar que por eso piden a la sociedad que diga “¡No Más!”.



sabado 14 octubre 2017

Parroquia Montalvo,  se apresta a celebrar 106 años de parroquialización, siendo la parroquia más extensa del cantón Pastaza de acceso aéreo en la zona rural, con 5 de las 7 nacionalidades que tiene toda Pastaza, ademas de mestizos. Aquí conviven, militares, mestizos e indígenas de las nacionalidades: Andwa-Pukayaku, shiwiar, achuar, kichwa,y sápara. Los actos se desarrollarán del 17 al 19 de noviembre 2017.

Historia, I parte

En sus inicios este sector estuvo poblado por gente indígena, proveniente del río Marañón, hoy Perú; se rompió la paz de la vida cotidiana con la llegada de los primeros exploradores del caucho, quienes pasaban unos pocos días luego retornaban a sus lugares de origen con la preciada carga del caucho y especies frutales, como la canela.

La denominación de Montalvo, se remonta a los fines del siglo XIX, en la época del caucho, en el cual la zona estuvo habitada por lo saparas y los andwas, al tiempo de la conquista española.

Al comienzo se le denominó Juanjiris, ya que de esta forma pronunciaban los indígenas el nombre de un cauchero y comerciante español de nombre Juan Jerez, quien tomó parte en la formación de este pueblo.

Dentro del aspecto político-administrativo la parroquia Montalvo sucedió a la antigua parroquia Andwa, caída en manos de los peruanos en 1941.

Antecedente de la población de la parroquia Montalvo

Se conoce de manera inmutable por la tradición general de las personas indígenas kichwas, que por tradición oral repetida, que esta zona siempre fue habitada por los nativos provenientes del Alto Marañón /Perú/.

Es así que estos nativos del alto Marañón, subían surcando el río Marañón aguas arriba, ingresaban al río Pastaza y hasta el río Bobonaza, en pequeñas embarcaciones , hasta llegar a las cabeceras de este afluente que se denomino canelos.

Estas travesías les llevaba hasta 30 días de viaje continuo,; se conoce que en el intercambio comercial llevaban del sector canela, balata, shirika y estos a la vez conseguían la sal y telas para vestir.

En 1897 andaban ya comerciantes como juan jerez, los indígenas por no poder pronunciar lo bautizaron con Juan jiris. La población de Juan jiris creció rápidamente con gente indígena proveniente del Alto Marañón.

En uno de estos viajes hacia Quito los caucheros trajeron la enfermedad del sarampión de la cual se contagiaron todos y como se trtaba de una enfermedad desconocida perecieron niños, jóvenes y adultos, cuentan que sobrevivieron un 20 por ciento de la población, como es de suponer estas personas no disponían de los anticuerpos necesarios para defenderse de este tipo de epidemia. Esto motivó a los sobrevivientes a abandonar el lugar para ir a vivir más arriba, en lo que hoy se asienta la cabecera parroquial de Montalvo /Tomado del libro: Nuestra Tierra No. 4 publicado en 2013 por la CCE-NP./ Espere la II y III parte


Daly Montoya: VAMOS A TOMARNOS  LA PLAZA GRANDE, NOS CRUCIFICAREMOS Y ENTREGAREMOS HASTA NUESTRA SANGRE SI ES POSIBLE, PERO VAMOS A PERMANECER ALLÍ CON  LOS 300 CAMPESINOS HASTA QUE DESALOJEN LA EX HACIENDATE ZULAY

 

El presidente de Agrícola Thehouse, concesionaria, que aduce ser la propietaria de la ex Hacienda Te Zulay, ubicada  en los predios de Shell, cantón Mera, Dayli Montoya, advirtió que el próximo lunes 25 de septiembre 2017 viajaran a Quito hasta la Plaza Grande para tomarse el lugar hasta que el Presidente de la República de oidos a su demanda y la sentencia que esta ejecutoriada para el desalojo de los indígenas liderados por el kichwa Antonio Vargas, quienes han ingresado al sector de manera ilegal, como invasores y deben desocupar en las próximas horas, ya que la empresa Thehouse es la única propietaria legitima que pago al estado por esos predios que abarcar más de 1200 hectáreas junto a 300 campesinos que sí pagaron esos predios, donde están asentadas mas de 300 familias indígenas que han construida sus chozas, sostuvo.

Con papeles en mano, presentó copia  del registro de la Superintendencia de Compañías, donde consta Thehouse como la única propietaria del predio junto a su representante socia Dierikon.

Dijo que de acuerdo al dictamen del Vargas tendrá que pagar un monto de más de 300 mil Usd por incumplimiento de pago a la empresa

 


LA EX Hacienda Te Zulay, una novela que aún no tiene fin, I Parte

A mediados de 2007 se estableció que la empresa Dierikon S. A. era la última propietaria de la hacienda Zulay, ubicada en Pastaza, por lo que debía asumir el pago de un crédito que, en ese entonces, sumaba alrededor de 1,5 millones de dólares. Esto porque Filanbanco, uno de los anteriores propietarios, no había cumplido con la cancelación del préstamo estatal. En tales circunstancias, el fideicomiso AGD No Más Impunidad, establecido para recuperar dinero público y de los depositantes comprometido durante la crisis bancaria, inició la expropiación del terreno un año más tarde. Pero el litigio aún no ha sido resuelto.

Entre tanto, en el predio de más de 1.200 hectáreas, estarían asentadas más de 5.000 personas, quienes integrarían 12 organizaciones de diversa índole. Todos aducen ser de escasos recursos y afirman ser los dueños de sus lotes. Quienes ocupan las tierras han construido covachas de madera con techos de zinc y han parcelado los lotes para el cultivo de yuca, maíz y otros productos que les sirven para su alimentación diaria.

También, mediante mingas, han abierto senderos para acceder al interior de la hacienda. Mientras, tres depositarios judiciales fueron posesionados a partir de 2008, con el encargo de que custodiaran los predios, la maquinaria y el equipo de que disponía la fábrica de té. El último de ellos, Jorge Villena, dijo en 2012, que gran parte de la maquinaria había sido sustraída, pero no cuantificó el perjuicio económico. Adujo que todo se debía a la gran extensión del terreno y a la carencia de seguridad.

Un dirigente indígena,  dijo representar a la Corporación de Arte y Cultura Amazónica Callary Causay, cuyos más de 400 integrantes viven en el lugar, planteó la urgencia de unir a las agrupaciones en una sola organización provincial. Esta entidad tendrá la responsabilidad de unificar el trabajo para la elaboración de una propuesta destinada a crear planes de trabajo y a pedir al Gobierno que les dé la oportunidad de quedarse en el predio. Así mismo, José Zambrano, uno de los invasores, dijo que había laborado en Zulay por más de 15 años y que no recibió liquidación alguna tras su cierre, por lo que reclamó sus derechos mediante la ocupación de un terreno en la hacienda.

A pesar de estas posturas, la Gobernación de Pastaza y sus autoridades aun no han ´podio solucionar este problema que se ha tornado un drama socio humano; en su momento la ex gobernadora de Pastaza, Denise Coka, y el jefe político del cantón del mismo nombre, Jorge Paredes, mantuvieron, varias reuniones con representación de los ocupantes. En la cita les dieron a conocer que no se permitirán asentamientos ilegales y les sugirieron que de forma voluntaria abandonen el sitio. Además, les anunciaron que solo aguardan una resolución de las instancias judiciales para proceder al desalojo inmediato.
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Domingo, 20 agosto 2017

La majestuosidad del selva y la interrelación de las culturas vivas de Pastaza, desde las comunidades kichwa /*reportaje*/

/Lic.Marcelo Galvez/ Director

Desde el momento mismo de embarcarse en la aeronave, una avioneta de tres pasajeros de la empresa local AeroKashurko, ya existe un misterio de adentrarse a la siempre misteriosa y majestuosa selva amazónica, un paraje verde que se extiende desde los 5 minutos de vuelo desde el aeropuerto de Shell, Pastaza. El sonido del monomotor despeja el silencio, y la selva va rompiendo el crecimiento de la civilización, en medio de casitas que se asemejan a un panal de abejas en crecimiento.

Nuestro destino: Chuvacocha, comunidad kichwa del cantón Pastaza. A cinco minutos de vuelo ya empiezan aparecer los ríos en el verde espacio como son el río Puyo, Pastaza y  Bobonoza, mismo que es de aspecto marrón pero en la zona de  Teresa Mama, este  se torna gris.

La aeronave piloteada por el capitán Homero Alvarez Jr. hace una guarawa para poder aterrizar en la pequeña pista de 400 metros de largo en la comunidad Teresa Mama: el celaje se cubrió de un manto blanco  impidiendo la visibilidad para el aterrizaje. El piloto dice que es mejor aterrizar en las primeras horas de la mañana por la constante presencia de vientos en la zona. Como en todas las comunidades indígenas de la selva amazónica, la presencia de una avioneta rompe el silencio y la armonía del hombre y su modus viventi; los niños se aglomeran en la pequeña pista para dar la bienvenida a la avioneta y a su tripulación… la amabilidad de la gente nativa es notoria, sobre todo  los kichwas, que expresan su gratitud, en este caso a la autoridad municipal, por la entrega de la obra de agua. La fiesta puede durar hasta una semana, por este tipo de motivos.

La mujeres jóvenes que valoran su cultura quieren verse atractivas y días antes del evento consiguen su maquillaje natural con el witu, quieren estar guapas y robustas para recibir a los visitantes, o ahuallactas, término que utilizan para referirse a las  personas de la ciudad.

La gratitud es grande, porque para ellos han tenido que esperar hasta 100 años por el agua, el agua es un medio trascendental para transportar la vida, ya que únicamente cogían agua del río con los peligros que este acarrea, por ello preparan la chicha, los adultos y jóvenes se internan en la selva para cazar la mejor presa y otros van de pesca para tener el alimento para los visitantes.

Las mukawas o tinajas,  recipientes grandes de barro, están listas con el masato de yuca, que al mezclar con el agua se transforma en la chicha, que en su mayoría es masticada por las mujeres jóvenes. Hay diferentes estados de la chicha; la chicha suave o tierna, apto para la sed; , el yamanchi o chicha concentrada,  el uku yaku, sumo de la yuca o el vinillo, además del concho, la reserva de chicha que brindar al día siguiente. Se pueden prepara hasta 20 tinajas de masato de chicha, según el número de comuneros.

Todo es fiestas: los varayos / líderes indígenas/ concentran a la multitud en el centro de  la comunidad de Chuvacocha, ubicada al otro lado del río Bobonza, frente a la pista de Teresa Mama, que hay  que cruza en canoa.

Allí cada uno de los dirigentes de las comunidades invitadas y colindantes de la zona como Teresa Mama, Molino, Boveras, Playas, Inshpingo, exponen sus necesidades a las autoridades, el presidente del gobierno parroquial de Montalvo, Franklin Freire y del director del departamento de Desarrollo Rural Sustentable y nacionalidades del GADM de Pastaza, Wilfrido Aragón, delegado del alcalde Roberto De la Torre.

Aragón sostiene que el Municipio ha priorizada ejecutar sistemas de agua en cada una de  las comunidades como prioridad y luego de ello se ira complementando el saneamiento ambiental con la construcción de baterías  sanitarias.

Sistema de agua

 En Chuva Cocha se construyó el primer sistema de agua segura en la zona norte de la parroquia Montalvo, que involucra a las comunidades de este sector, beneficiando a 16 familias e igual numero de viviendas.

Esto fue posible gracias a un convenio entre el GADM de Pastaza que entrego los fondos de los destinadas a cada gad parroquial por un monto de 100 mil dolares, de los cuales 63 mil se destinó a este sistema de agua.

Esta obra, bajo la coordinación del departamento de desarrollo sustentable y nacionalidades del Gad Municipal de Pastaza, dirigida por Wilfrido Aragón: un mestizo kichwa de Kuraray, que camina todos los días recorriendo las diversas comunidades distantes del cantón Pastaza, el más extenso del Ecuador,  para conocer sus necesidades y trasladar proyectos de obras  al alcalde del cantón Roberto de La Torre, y así se ha ido fortaleciendo la zona rural del sector fronterizo e interior selvático con pequeñas obras como estas de ínfima cuantía pero de mucho valor para los indígenas.

Y la gente de las comunidades convive son su selva y con la fuente del río, donde hace producir su aislamiento con  las siembra de yuca y plátanos, así como la pesca en el río Bobonaza y sus quebradas, pero además de la cacería en  de manera racional