Pastaza: Touris San Francisco cumple 41 años de servicio a la Amazonia
TOURIS SAN FRANCISCO: 41 AÑOS UNIENDO PUYO CON QUITO Y EL ECUADOR
En 1985 nació la Cooperativa de Transportes Touris San Francisco, y en 2026 cumple 41 años de llevar y traer a los pastacenses entre Puyo – Quito y el Ecuador. Para muchos de nosotros no fue solo una empresa de buses: fue el camino de ida a los estudios y el camino de regreso a la casa.
Basta mirar esta fotografía para volver en el tiempo. Dos busetas en la Catedral de Puyo, con el nombre San Francisco pintado en la frente y los letreros de Quito y Puyo. Al lado, los choferes con sus pantalones de bota ancha y sus botas de trabajo, y una niña que sostiene a su hermanita en brazos. Así eran los años de la San Pacho: sencillos, de mucho esfuerzo y de mucha familia.
CHOFERES VALIENTES Y BUSETAS CON REFRANES
Los choferes de la San Francisco eran hombres valientes. Manejaban por una carretera de lastre, angosta y llena de curvas, de día y de noche, con lluvia o con neblina. Conocían cada piedra del camino y cada pasajero sabía que su vida iba en esas manos firmes.
Las busetas tenían su propia personalidad. Por dentro y por fuera llevaban dichos populares pintados con picardía. Uno de ellos se me quedó grabado desde niño: «En las curvas me entretengo y en los huecos me detengo». Lo leía sin entender nada. Con los años comprendí el doble sentido y todavía me hace reír.
EL VIAJE: ENTRE EL ABISMO Y EL PARAÍSO
Antes de que existiera el terminal, la parada en el Puyo estaba en la “Y” edificio del Sindicato de Choferes y luego en el sector de “La Mocawa”, ambos sobre la calle Ceslao Marín. En Quito, la buseta llegaba al antiguo terminal del Cumandá, a pocos pasos del centro histórico.
El trayecto era una aventura. Había que pasar el Churro Singuna, donde la vía de lastre se volvía tan estrecha que, cuando dos carros se encontraban, uno tenía que hacerse a un lado. Desde la ventana se veía al fondo el río Pastaza, a pocos metros del precipicio. Hubo muchos accidentes y muchas lágrimas, pero era la única vía que teníamos los estudiantes.
De regreso, antes de llegar a Baños, pasábamos por la Puerta del Cielo, una cascada que caía sobre toda la carretera. Los estudiantes decíamos que ya habíamos llegado al paraíso. Respirábamos hondo y mirábamos cómo el paisaje andino se iba abrazando con la selva amazónica.
Y cuántas veces la antigua carretera Baños–Puyo nos sirvió de hospedaje. Los derrumbes eran parte del viaje: había que esperar horas, a veces la noche entera, dentro de la buseta. Ahí se compartía el pan, la cobija y la conversación, y el pasajero desconocido terminaba siendo amigo.
LOS ENCARGOS QUE LLEGABAN A LA COLONIA
Los universitarios que vivíamos en la Colonia de Puyenses en Quito esperábamos la llegada de la San Francisco como quien espera carta de la casa. Por la cooperativa nos mandaban los paquetes, las cosas y los encargos que nuestros padres preparaban con cariño.
Nunca olvidaré la primera vez que viajé a Quito. Llegué en la San Francisco con un cartón lleno de comida de la zona, para mi hermano mayor Antonio Nuñez Chavez y sin conocer la ciudad. Mi papá me había dado la dirección escrita en un papelito: EE. UU. 741 y Río de Janeiro, cerca de la Universidad Central. Lo guardé en el bolsillo pequeño del jean como si fuera un tesoro, porque de ese pedazo de papel dependía encontrar mi nuevo hogar.
Ese bulto amarrado con piola traía el sabor del Puyo a la ciudad fría. Era la manera en que la familia nos decía que no estábamos solos. Y cuando llegaban las vacaciones, la misma buseta nos devolvía a la tierra, cargados de libros, de ropa sucia y de ganas de abrazar a los nuestros.
LA SAN PANCHO, PARTE DE NUESTRA IDENTIDAD
La gente del Puyo la bautizó con cariño como la San Pancho. No solo nos llevaba a Quito. En aquellos tiempos, cuando solo el canal Gamavisión transmitía los partidos de fútbol y la señal no llegaba a Puyo, nos subíamos a una San Pancho para ir hasta Río Verde a ver a la Selección .
Por eso la Touris San Francisco es mucho más que una cooperativa. Es parte de la identidad de los puyenses y de los pastacenses, tanto como la Colonia que nos acogió en Quito. En sus asientos viajaron estudiantes, comerciantes, madres con sus hijos y sueños de toda una provincia.
GRACIAS, SAN PANCHITO
Hoy la carretera es asfaltada, el viaje dura menos y los buses son modernos. Pero quienes viajamos en aquellas busetas no olvidamos el polvo, los derrumbes, la cascada sobre la vía y la alegría de ver aparecer el Puyo al final del camino.
A los socios fundadores, a los choferes que ya partieron y a los que todavía siguen al volante, a los oficinistas y a sus familias: gracias por 41 años de servicio. Gracias por llevarnos a estudiar y por traernos siempre de regreso a casa.
Con gratitud y cariño, como estudiante de la Colonia y como hijo de esta tierra.
Peter Oliver Núñez
![]()

