Nacional: Fallece “Don Medardo”, creador de la orquesta más popular del Ecuador

Adiós a Don Medardo, el compositor del pueblo ecuatoriano 

(El comercio) Ángel Medardo Luzuriaga falleció este 19 de junio del 2018 tras sufrir un infarto en un hospital de Quito.

Karol Noroña

Un ícono del pueblo ecuatoriano. Bailar sobre la tristeza era posible con su música. Cuando las luces se apagaban, la cofradía musical que lideró, por más de medio siglo, dejaba la formalidad de las tablas para alegrar los mercados capitalinos; y su acordeón lo conseguía. De la cuna artística del Ecuador, la vena lojana de Ángel Medardo Luzuriaga llegó a Quito con un hondo compromiso: componer la ‘primerísima’ orquesta tropical del Ecuador y matizar las emociones de quienes lo escuchaban, por medio de la música.

Precursor de la cumbia andina en Latinoamérica y fundador de la orquesta Don Medardo y sus Player’s, el compositor lojano construyó un patrimonio sonoro que resuena en el máximo verso de sus melodías: “Siga, siga, siga bailando. Siga, siga con Don Medardo”. Con 68 años de vida musical, más de 105 álbumes grabados,decenas de placas doradas y reconocimientos artísticos -que coparon toda una pared de la sala de su vivienda-, el compositor lojano murió hoy, 19 de junio del 2018, pero deja un legado latente en la música nacional, retratado por quienes vivieron junto a él, durante sus 81 años de existencia.

Para el cantante quiteño Gustavo Velásquez, voz insigne de Don Medardo y sus Player’s, el camino a la inmortalidad de Don Medardo se viene forjando desde sus inicios. Y es que al artista lojano, que nació el 17 de septiembre de 1937, la música le llegó como un territorio natural. 

El cantante quiteño Gustavo Velásquez junto a Don Medardo. Foto: cortesía Gustavo Velásquez.

De la mano del compositor Segundo Cueva Celi, maestro del Conservatorio de Loja, le brotó la afición por la batería, la guitarra y la sensibilidad del violín, a los 13 años. Pronto, integró agrupaciones como La Tropical Boys, Los Juanchos y la orquesta Zamora Fox. A la par, finalizaba su etapa secundaria como bachiller en Humanidades Modernas, en el Colegio Bernardo Valdivieso.

Aunque su siguiente paso fue cursar la carrera de Derecho, cambió los documentos judiciales para alcanzar la profesionalización musical, en Quito. Ingresó al Conservatorio Nacional, mientras inició su carrera como docente de Metodología de Música en los colegios Juan Montalvo, Manuela Cañizares y Simón Bolívar. La formación académica- en fusión con lo innato de su talento- lo llevaron a formar parte de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Entre la academia, el conocimiento y la vida bohemia -también cultivó el gusto por el whisky-, Quito abrazó a Luzuriaga cuando integró el Quinteto América, justamente cuando conoció a Velásquez. Entonces, su nombre ya comenzaba a ser un sinónimo de fiesta y alegría. Hacia finales de los años 60, en uno de los recorridos del joven músico por Loja, escuchó la música de  Lucho Gordón, Beto Gordón, Jorge Valarezo y Edwin Cueva en una celebración familiar. “Estuve de visita en Loja y conocí a los cuatro muchachos. Les dije ‘vamos a Quito, aquí están perdiendo el tiempo; y formamos la orquesta”, recordó Don Medardo en entrevista con este diario, en el 2010. El 11 de noviembre de 1969, Don Medardo y sus Player’s dio su primer show en Latacunga. El gran elenco tropical, armado de un saxofón, congas, batería y guitarra eléctrica era quien levantaba la verbena, la fiesta, la bohemia hacia el fin de siglo.

La fórmula del éxito, solía afirmar, era su sazón musical. Tomaba géneros como el sanjuanito y los pasacalles, y los adaptaron a los sonidos tropicales. Así penetraron en la escena musical del Ecuador con canciones como Aguacerito, Solo tú, La novia, La cumbia chonera, Mírame un poquito más, Mosaico manabita y El aguajal, canción que acompañó a los migrantes ecuatorianos en el 2000. Video: YouTube, cuenta: Mario David Vega Con apenas 14 años, Gustavo Velásquez integró Don Medardo y sus Player’s. “Fue mi primer momento profesional, mi primera grabación y la primera muestra de aceptación por parte del público ante mí presencia. Todo con el apoyo y amparo de Medardo”. Para el intérprete capitalino, Don Medardo fue como un padre. Lo impulsó a estudiar en el colegio Juan Montalvo, dónde también fue su profesor. Alegre, jocoso y carismático, Luzuriaga lo bautizó como ‘Tavino’. De la dirección musical, el músico lojano se convirtió en un amigo. “Solíamos conversar en prosa, era nuestra forma de comunicarnos.

 

Los ensayos, las grabaciones, los viajes, incluso su camioneta volkswagen doble cabina en la que todos aprendimos a manejar son memorias que uno atesora. Medardo era un hombre alegre pero, sobre todo, un hombre bueno”, cuenta Velásquez, quien junto con Luzuriaga y el músico peruano Andrés de Colbert crearon la cumbia andina. Ampliar El cantante Gustavo Velásquez junto a Don Medardo. Foto: cortesía Gustavo Velásquez. La música de Don Medardo y sus Player’s llegó a cada provincia del Ecuador y pisó naciones como Colombia, Venezuela, Perú, Costa Rica, México, Estados Unidos Canadá y España.

Además de ser la ‘engreída’ del pueblo, la orquesta se configuró como una cofradía familiar: el clan Luzuriaga. Desde los años 80, los hijos de Don Medardo formaron parte de las filas de la agrupación que, hoy por hoy, continúa con su tercera generación compuesta por sus nietos. Para Lenin Palacios, líder de Orquesta Azuquito, haber tocado con Don Medardo fue un sueño cumplido. “Estuve solo seis meses en la orquesta pero viajé por todo el Ecuador. Siempre he reconocido que me encontré con mi verdadera vocación en Don Medardo y sus Player’s. Fue esa primera escuela de lectura musical y de interpretación”, sostiene el músico.

Rememora una presentación en Guayaquil, cuando la música se extendió hasta las 06:00. “¿Qué es esto? pensaba. Pasaron horas y horas y seguíamos tocando con la misma alegría. Me sentí orgulloso de estar ahí porque eso era Don Medardo: felicidad, profesionalismo -siempre buscó a los mejores arreglistas-. Pensar en él es recordar aquellos tiempos dónde la música era lo primero. No lo hacía por dinero, lo hacía por amor. Era la única orquesta a la que esperaban más de dos o tres horas”, cuenta Palacios. Los tiempos cambiaron pero la ambición musical de Don Medardo se mantuvo intacta. “Mi meta es llegar a grabar el volumen 100, sería un récord. Quizá para 2011 podamos cumplirlo. Estoy muy contento”, declaró en el 2010 a EL COMERCIO. Batió sus propios récords en noviembre del 2017, cuando el álbum 105 de la orquesta vio la luz. Nunca olvidó que el disco siete, en el que está El aguacerito, le abrió puertas. Fue premiado por la Compañía Remo Records de Nueva York y un disco de platino de Fadisa por la mayor venta en Ecuador. 

 

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