España al puro toque derrotó a la favorita Francia y jugará la final del mundial el próximo domingo
(El Mundo-Madrid).-Una España inolvidable pone de rodillas a Francia y jugará la final del Mundial por segunda vez en su historia
La selección, tras una exhibición de fútbol colectivo, jugará la segunda final de un Mundial de su historia el próximo domingo en Nueva York. Un gol de Mikel Oyarzabal de penalti y otro de Pedro Porro rubrican una noche inolvidable.
Cómo explicarlo. Cómo explicar que España, tan tranquila, tan serena, quitándose una mota de polvo de la solapa de la chaqueta, silbando, casi con un palillo en la boca, desquició a Francia, a la todopoderosa Francia, a la inalcanzable Francia, a la majestuosa Francia, y la desnaturalizó, la disolvió, la desintegró, trasteó con ella como el gatito con el ovillo de lana, le hizo el avión para que se fijara en la cuchara y no en la verdura, y terminó jugando a las cuatro esquinas con ella, enseñándole la pelota y quitándosela, enseñándosela y quitándosela, todo entre los olés de un público atónito, estupefacto al ver cómo España, ¡vaya equipo!, dejaba en nada, en absolutamente nada, a la favorita, a la inalcanzable, a la todopoderosa Francia
Jugará España la final del Mundial, la segunda de su historia, después de una maravillosa lección de fútbol colectivo, un día ya inolvidable en la historia del fútbol español, el día en que la selección de Luis de la Fuente, una obra de autor, se deshizo de la gran candidata masticando chicle y sacó su merecidísimo billete para pelear por su segundo Mundial, casi nada, 16 años después. España es un equipo mayúsculo. Quizá sin la misma cantidad de estrellas que otros (o sí, quién sabe), pero con una fuerza, la del grupo, que la hace imparable. La imagen de superioridad sobre Francia, pase lo que pase en este Mundial, quedará para la historia.
Es difícil imaginar una semifinal de un Mundial sin el corazón en la boca, con dos equipos maravillosos, cada uno en su estilo, buscando el último escalón del torneo. En cuanto echó a rodar la pelota todo el estadio de Dallas contuvo la respiración en cada control, en cada pase, en cada intento de esto o de aquello. La altura de la competición y el nombre de los contendientes auguraban un partido de máximos, y así fue. De la Fuente metió a los mismos 11 que contra Bélgica. Fabián mantuvo el sitio en el lugar de Pedri y las dudas se disiparon en el lateral derecho a favor de Pedro Porro. Pudo haberse pensado en Llorente para contener a Barcola, la novedad, junto a Tchouaméni, de Deschamps, pero no, jugaron los mismos que ante Bélgica.
El clínic de Olmo
Francia se presentaba como la guapa del torneo, indiscutiblemente la mejor selección hasta ayer, la más brillante, con un potencial ofensivo delirante, y nada más arrancar perdió Baena dos balones en cinco minutos que dispararon la adrenalina del personal, ya desbocada para toda la sesión. España se afanó en no perder el balón, pero poco a poco se fue encontrando más cómoda y se atrevió a saltar alturas del rival con pases entre líneas. Nadie mejor para eso que Dani Olmo, autor de un clínic sobre cómo, con un control, generar ventaja y ponerse de cara a portería.
No fabricaba mucho la selección, pero no pasaba apuros, en parte también porque los once salieron concienciados de la necesidad de hacer un balance defensivo descomunal en cuanto había una pérdida, habiendo, como hubo, pocas. Bien presionando al poseedor, bien corriendo hacia atrás como animales, Francia no fue capaz en todo el partido de desplegar su velocidad, intimidante, ni su calidad, fascinante, por ejemplo, en las botas de Olise. Sus cuatro hombres de arriba, Mbappé, Olise, Dembélé y Barcola se pasaron la mayor parte del tiempo persiguiendo el balón, y claro, eso cansa y frustra.

Andaba el partido así, que ni para tí ni para mí, cuando Digne se equivocó intentando controlar un balón. Lo hizo de mala manera con la cabeza y, al ir a despejar, se metió entre su pierna y el balón Lamine, que se llevó una patada. Oyarzabal, sin carrerillas absurdas, tiró fuerte y a un lado, normal, como es él. España, por delante en el marcador, redobló su apuesta, y en el 37 una jugada estupenda entre Lamine y Olmo, Olmo y Lamine, estuvo a punto de ser el segundo. Lacroix, que había entrado por la lesión de Saliba, salvó el remate de Fabián. De Lamine, por cierto, cabe consignar la jugada del penalti, que no es poco, pero fue el partido en el que el equipo menos le buscó. Francia, quizá esperando eso, no acertó a ver que su rival atacaba principalmente por el otro lado.
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